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ANTE LA SUCESION Y EL FUTURO
DECLARACION DE
ELOY GUTIERREZ MENOYO
Comunicado de Prensa
Infosearch:
Felix Jose Hernandez
Jefe de Buro
Francia
La Nueva Cuba
Agosto 6, 2006
Remitimos el
texto íntegro de la Declaración que Eloy
Gutiérrez-Menoyo emitió desde La Habana.
Saludos cordiales,
Patricia Gutiérrez-Menoyo
Cambio Cubano
(787) 403-8651
Comunicado de
Prensa.
Ante la sucesión
y el futuro
En La Habana,
Eloy Gutiérrez-Menoyo, dijo que "la sucesión
anunciada abre el camino a un modelo de estado diferente del actual".
Hago votos
públicamente por la mejoría y rehabilitación
de Fidel Castro.
Deseo suerte
a la fórmula encabezada por Raúl.
Aunque no se
me ha reconocido aún mi estatus legal, anuncio activismo
civil y pacífico de Cambio Cubano en la isla.
Cuba es hoy
un país sin esperanza.
En una declaración
pública de casi cinco páginas emitida hoy aquí,
Eloy Gutiérrez-Menoyo, líder de Cambio Cubano, afirmó
que la sucesión anunciada en la noche del lunes, en medio
de una intervención quirúrgica a Fidel Castro, "debería
abrir el camino hacia la búsqueda de un modelo de estado
diferente al actual".
Menoyo hizo
votos públicamente por la pronta rehabilitación de
la salud de Castro a la vez que deseó suerte a su hermano
Raúl en la nueva fórmula de gobierno, ya fuere transitoria
o permanente.
Sin embargo,
el ex-comandante de la Revolución del 59, que luego cumplió
22 años en cárceles cubanas por oponerse a la alianza
con la Unión Soviética, se mostró severo en
un breve análisis de la situación del país.
Se adjunta el
documento íntegro para su consideración.
4 de agosto
de 2006, La Habana
De la Sucesión
y el Futuro
Ante el anuncio
oficial en torno a la seriedad de la salud de Fidel Castro, hago
votos por su mejoría y pronta recuperación. Como se
conoce, Fidel y yo estamos separados diametralmente por su concepción
de la historia y mi visión de la democracia, razón
que nos ha colocado en extremos del espectro político.
No obstante
ello, preocupado enormemente por la situación del país,
me toca como adversario leal enfundar momentáneamente el
sable de la lucha política y levantarme sobre los escombros,
los desaciertos y las diferencias que nos distancian a ambos. El
diálogo civilizado puede traer soluciones que no se consiguen
con la mera desaparición de un adversario. He dicho, y hoy
repito, que la participación de Fidel en el diálogo
con la oposición sería muy positiva. Hace tiempo que
Cuba nos viene exigiendo a todos la proeza de la reconciliación.
Una nueva coyuntura
La noche del
lunes se anunció oficialmente una sucesión ordenada
con Raúl Castro al frente. Deseo suerte a esta fórmula
encabezada por Raúl. Los acontecimientos coinciden con mi
tercer año en la isla, a donde vine con el propósito
de iniciar un activismo oposicionista que nunca sería desestabilizador.
Como voz que clama en el desierto, recuerdo al gobierno de sucesión
que he venido pidiendo derechos fundamentales pero hasta ahora el
gobierno ha desoído mis demandas o ha preferido postergar
su actuación.
La nueva coyuntura
de la sucesión anunciada --transitoria o permanente-- no
debe concebirse como una continuación del statu quo, este
largo y fatigoso drama que vivimos los cubanos, sino como una hora
--grande y propicia-- para iniciar, de manera tan gradual como acelerada,
un proceso de cambios profundos y audaces enfilados a fomentar la
creación y ampliación de espacios legales para las
opiniones y actividades divergentes. Reintegrado o no Fidel al quehacer
político, sostenida o disminuida su presencia tutelar, el
gobierno ya debe concebir esta situación como una oportunidad
para abrir puertas a otros tiempos, para hacer de lo coyuntural
una beneficiosa y honda reflexión proactiva, y para traducir
con visión y dinamismo las señales de lo imprevisto.
Deliberado o no --y esto es algo que desconocemos-- este momento
puede convertirse en un llamado a la imaginación.
Los peligros
La urgencia
de cambios es irrebatible. Para ignorar esta apremiante necesidad,
el gobierno se esconde en el bunker de su retórica y se parapeta
en los peligros que se esconden tras el afán hegemónico
que proyecta sobre esta isla el gabinete de George W. Bush.
Un retardatario
documento de transición para Cuba, producido bajo los auspicios
de la actual administración en Washington, en contubernio
con factores extremistas del exilio, quebranta las más elementales
reglas de convivencia internacional, contraviene el derecho a la
soberanía de las naciones civilizadas e insulta con zafiedad
la historia y la inteligencia de los cubanos. Al reafirmar nuestro
repudio ético, intelectual y anímico ante tan burdo
e inconcebible documento, queremos hacer patente también
nuestra fe en que la Nación cubana es capaz de apostar por
una apertura democrática sin claudicar jamás a su
ancestral apego a su soberanía. Que sepa cualquier enemigo
de Cuba que nada nos hará negar esta tierra.
Rompiendo el
silencio
Nos preocupa
hoy más que nunca la crisis que atraviesa el país.
El empeoramiento de la de por sí paupérrima canasta
familiar pide a gritos los cambios que por la fuerza de la razón
habitan en la zona de las aperturas políticas y no en cualquier
otra zona ingrávida de las promesas huecas o de la retórica
masoquista del partido único. El cubano está más
harto que cansado de justificaciones retóricas, así
como de los desquiciantes titubeos de aperturas a medias que tantas
veces no llegan a cristalizar o que de repente se ven eliminadas
de golpe y porrazo.
El cubano no
reclama opulencia. No necesita para mejorar su vida fausto o derroche.
Pero el cubano sí quiere vivir mejor. Sí merece vivir
mejor: tras casi 50 años de permanentes penurias, quiere
servir una comida digna en su mesa, quiere comer un aguacate conseguido
a un precio razonable que no haga explotar su diminuto presupuesto;
quiere calzar a sus hijos; quiere una camisa nueva; quiere una blusa,
una nueva cocina; y en su día también querrá
un automóvil medianamente decente, para cuyo mantenimiento
no se requieran los conjuros de un mago de la mecánica popular
isleña.
Mucho de lo
que digo aquí lo he dicho antes. Pero en un intento por dar
tiempo al gobierno, los últimos meses me han servido para
observar e interpretar desde aquí la situación de
Cuba en el mundo y para optar por una cautela que no fuese perjudicial
a las posibilidades del proceso internacional por el que se reclaman
de Cuba más señales de democratización. Quería
demostrar de esta manera mi disposición de servir, lejos
de cualquier intención de convertirme en un fastidio. En
estos momentos, y sobre todo ante la coyuntura actual, me veo obligado
a romper el silencio.
Cuba: País
sin esperanza
Cuba es hoy
--y esto sí es muy triste-- un país sin esperanza.
Más que todo lo que le atribula en el orden material, el
cubano de hoy es un ser incrédulo, vacío de fe, que
contempla sin poder pestañear como las leyes absurdas de
la economía estatal amparan con pasmosidad cruel al inversor
extranjero y no se dictan leyes encaminadas a desatar y dinamizar
el caudal de la creatividad nacional. Impávido, el cubano
observa como Euros y dólares marcan el ritmo de "otra"
economía, "otro" país al que tristemente
él nunca podrá acceder. Se vive en un falso discurso
populista, en una mentira judicial y en una falsedad económica.
Se toleran y protegen impenetrables parcelas de funcionamiento económico
en las que lucran jerarcas del estado, y de las que se ve marginado
el ciudadano de a pie. Es una curiosa fórmula de refinar
la exclusión del ciudadano para beneficio de una minoritaria
casta de privilegiados.
En lo que florece
esta esquizofrénica fórmula de capitalismo crudo y
desenfrenado, el cubano que aún sostenga alguna fe en el
proceso deberá de conformarse con una suculenta dieta de
retórica ideológica y la promesa, tibia y utópica,
de un supuesto bienestar que llegará, luego de casi 50 años,
con la explotación de ciertos recursos como el petróleo,
o como resultado de cualquier otra quimera, más o menos factible,
pero siempre distante. Para resistir la farsa, la gente se disfraza
y el pueblo escenifica. Los más jóvenes se diluyen
entre el estupor de una vida hueca y displicente, y el anhelo alucinante
de otra geografía, otro rumbo, al que no se le imaginan complejidades.
¿Por
qué hemos llegado hasta aquí? ¿Ha sido letargo
o ha sido torpeza? Hace unos años, cuando fui recibido por
Fidel, le pregunté si verdaderamente deseaba dejar como legado
a cada cubano una tarjeta de racionamiento. Le manifesté
también que podría llegar el día en que, creyéndose
gobernar desde la sede del gobierno, sería El Caos quien
estaría reinando en las calles. ¿A dónde se
fue el sueño de la Revolución Cubana? ¿Qué
queda de ese sueño que pueda salvarse?
Nuevos amigos
Cuba ha hecho
nuevos amigos. En un hábil proceso de reinvención
dentro del nuevo contexto latinoamericano, el gobierno se ha afanado
por insertarse en una nueva corriente de cambios. Sin embargo, esta
corriente se unifica en su enfrentamiento a Washington y a los excesos
de la globalización, pero se diferencia por la riqueza de
sus matices. Hasta sus factores más controversiales han conseguido
operar dentro de un marco de legitimidad y un claro común
denominador de derechos: no se han creado sistemas de partido único
ni se ha dado al traste con la libertad de expresión como
ocurre en Cuba.
Lecciones en
el espejo
¿Qué
decir de la economía de estos países de los que nos
sentimos solidarios? No es Cuba la que podría ofrecer el
mejor ejemplo: en cada uno de ellos continúa la economía
de mercado y la generación de capital no reside exclusivamente
en manos del estado.
¿Qué
decir de una supuesta forma de gobierno que en su día dijo
ser "dictadura del proletariado" y que hoy se comporta
como anticuada patronal? Hace falta salir del estancamiento y comenzar
a pensar en formas viables de cogestión, empresa mixta, cooperativismo,
y, sobre todo, liberación, estimulación y desarrollo
del espíritu creativo de la gente. Lo revolucionario es cambiar.
La corrupción
Lo informa la
prensa oficial --la única-- y se comenta por todas partes.
El país está enfrascado en una tenaz campaña
contra la corrupción. Pero se ignora que esta corrupción
es producto de la desilusión. La corrupción será
imparable hasta tanto no resurja la esperanza. Del pensamiento altruista
de hace años se ha descendido a un abismo común de
incertidumbre. El hombre nuevo se ha vuelto corruptible.
No bastan las campañas y sobran las consignas. La corrupción
ha dejado de ser un delito para convertirse en un comportamiento.
Se ha perdido el aire poético que alentó el proceso
revolucionario en sus inicios. La gente sabe que se acosa a los
frágiles protagonistas del comercio informal, mientras se
acepta la codicia sin límite de unos cuantos privilegiados.
La gente sabe que los linderos de la moral se cruzan al antojo de
las influencias. La gente sabe que hay parientes de la cúpula
que viven entre el encanto irresistible de La Habana--a pesar de
sus derrumbes y miserias--y las comodidades y ventajas del extranjero.
Se sabe de sobra que unos pocos Euros alivian muchas vicisitudes
y cuando el cubano escucha hoy el término "revolucionario"
ya sospecha de algo que pertenece a la ficción o a una oscura
región de la metafísica.
Un modelo de
Estado
No hace mucho,
Ricardo Alarcón dijo que Fidel, por su autoridad moral, encarnaba
por igual al gobierno y a la oposición. Discrepo respetuosamente
de esta reducción hecha por Alarcón. Desde hace demasiado
tiempo, Cuba está urgida de un pacto social amplio y generoso,
que escuche y acomode dignamente a los diversos segmentos de la
ciudadanía. Urge dar voz a la sociedad civil para que busque
caminos hacia la empresa común de la reconciliación
y la reconstrucción nacional.
Dogmatizada
al parecer a perpetuidad, la sangre de la sociedad cubana parece
congelada, lo que le impide fluir adecuadamente. Prisionero de la
arrograncia de la infabilidad del gobierno, los cubanos no han podido
pensar ni expresarse sobre qué modelo de estado desearían
tener, qué dirigentes deberían guiarles o qué
políticas internas o externas, les marcarían su brújula
como país democrático.
El apuntalamiento
de este impúdico andamiaje lo provee la maquinaria oficial
del control político: la Seguridad del Estado. Pueden y de
hecho suelen ser amables, pero en mi ausencia han entrado a mis
cambiantes lugares de residencia transitoria con la intención
de hurgar en mis papeles. Ante esta maquinaria casi perfecta sucumben
ideas y opiniones, y para quienes la operan el uso de la ley es
selectivo y el respeto al derecho es una cuestión eventual.
Se puede garantizar que aquí no hay desaparecidos, porque
la maquinaria funciona a tal perfección que basta con su
sagacidad, su penetración y su perspicacia para que todos
los opositores sepan donde encontrarse.
Todo el mundo
quiere cambios
No existe duda
de que casi toda Cuba desea cambios. Este país dejó
atrás hace rato el atiborramiento ideológico de la
Guerra Fría cuando se buscaron apoyos de los comunismos postestalinistas.
Crece cada vez más entre mucha gente un comportamiento menos
doctrinario y los más valientes intentan un anclaje en el
ideario martiano. Sin embargo, la oposición beneficia poco
o nada de este nuevo sentir y sólo se la permite como curioso
fenómeno mediático de cara al exterior, como una suerte
de artículo para la exportación que paga el alto precio
de su silencio interno. Esto también tiene que cambiar. Si
no hay cambios fundamentales se corre el riesgo de que en vez de
salvar algo del proceso, acabemos por perder la Nación. Llegue
pues el oxígeno que necesita la isla. Háblese al fin
del futuro que el país se merece.
Hacia un activismo
civil
Recientemente,
de manera extraoficial, se me ha dejado saber que mi estatus legal
podría verse normalizado, poniendo fin a mi ambigua condición
de "no persona". A pesar de mis reservas en este sentido,
albergo una cierta expectativa razonable de que ello podría
ocurrir muy pronto. Ya sea con Fidel o con Raúl; ya sea con
Raúl y con Fidel, hoy reclamo que se me otorgue de una vez
ese estatus, que se haga cuanto antes y que se haga con generosidad.
Cuba necesita sentir cambios más allá del anuncio
de la sucesión. Aparte de ser este un derecho que me pertenece
como cubano que luchó por esta Revolución, el gobierno
tiene, como garantes de validez, nuestra inquebrantable independencia
política, ideológica y económica y el compromiso
firme de luchar por una oposición independiente, pacífica
y no desestabilizadora.
El gobierno
debe saber que hemos inscrito varios centenares de compatriotas
dispuestos para el activismo civil. Esta es una campaña a
favor de un futuro con progreso. Para que todos los dolores se transformen
en una sola alegría. En esta tarea afanosa la fe actúa
como protagonista esencial. El día que ese activismo se hará
palpable no está demasiado lejos. Estos tres años
no han sido en vano. Hago una reiterada invitación a la reconciliación
y a la generosidad de toda la familia cubana para que concluya con
armonía lo que ha sido esta larga travesía en la historia.
Con fe en la
Nación cubana.
Por esta gente.
Por esta tierra.
Por Cuba. Por
el cambio.
Por Cambio Cubano.
Eloy Gutiérrez-Menoyo
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