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DIGA
LO QUE DIGA ETA
Madrid
ABC
España
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Máximo Tomás
Dept de Investigaciones
La Nueva Cuba
Mayo 14, 2006
EL diario Gara
anunció para su edición de hoy la publicación
de una entrevista con la organización terrorista ETA. Según
el contenido anticipado por el diario proetarra, la banda terrorista
subrayaría en la entrevista que «la clave del proceso
está en el debate democrático en Euskal Herria»,
animando, cabe suponer que al Gobierno central y a los «agentes
sociales», a desarrollar el proceso «que tendrá
como objetivo un acuerdo que responda a las claves del conflicto».
No hace falta
saber más para rechazar de plano las propuestas de ETA. Digan
lo que digan hoy los terroristas -o mañana, o cualquier día-,
el fin de este proceso iniciado por el alto el fuego no debe ser
«un acuerdo» sobre las «claves del conflicto»,
porque este no es, ni el Gobierno de Rodríguez Zapatero debe
consentir que lo sea, un proceso de negociación política
con los terroristas. Si ETA considera que la tregua es un instrumento
más de su estrategia de lucha contra el Estado, el Estado,
cerrando cualquier posible cesión a la benevolencia con los
asesinos por dejar de matar, debe aprovechar la tregua como un recurso
de su acción política y legal para derrotar a ETA.
No cabe otra opción legítima, no se puede trabajar
con otro escenario que no suponga la disolución y el desarme
de ETA.
Diga lo que
diga ETA, el guión de esta etapa debe acabar con la victoria
del Estado, con los terroristas vencidos, y la sociedad española,
vencedora. Es una buena noticia -hasta cierto punto, amortizada-
que los informes policiales confirmen que ETA no desarrolla actividades
terroristas en España. Precisamente, y quizá sea pura
casualidad, ETA anuncia su entrevista al día siguiente de
que el presidente del Gobierno reciba el tercer informe favorable
del Ministerio del Interior. Pero que no haya atentados es lo propio
de un alto el fuego, aunque las cartas de extorsión a empresarios
y los atentados de Guecho y Barañáin den a la sociedad
otra impresión muy distinta. Lo que importa no es verificar
cómo se ajusta ETA a sus propias tácticas -pues la
tregua es una de ellas-, sino cómo ETA está procediendo
a su extinción como organización terrorista. Y de
esto no se dice nada, al menos pública y oficialmente, pese
a que es lo único que realmente importa a los ciudadanos:
la desaparición inmediata de ETA.
Sin embargo,
lo que ETA anuncia a través del diario Gara es exactamente
lo contrario de su desaparición. Es la confirmación
de que este proceso iniciado por el alto el fuego, que ETA quiere
tutelar, tiene una función y unos objetivos políticos.
Da lo mismo qué entiendan los terroristas por «debate
democrático en Euskal Herria», porque llevan treinta
años queriendo acabar con la democracia en el País
Vasco, mediante el asesinato de demócratas no nacionalistas,
la extorsión a los empresarios y la intimidación a
media sociedad vasca. Da lo mismo también qué entiendan
los terroristas por un «acuerdo que responda a las claves
del conflicto», porque no hay más conflicto que el
provocado por los terroristas con sus atentados y con su propia
existencia, aunque sea inactiva. La clave es que ETA desaparezca
y se repongan plenamente en el País Vasco los principios
de la democracia, porque después de más de tres décadas
de terrorismo han sido decenas de miles los vascos desplazados,
como bien recordaba el Foro de Ermua con su propuesta de reconocerles
el derecho de voto; incalculables los daños al desarrollo
social, cultural y económico del País Vasco, camuflados
tras un fortísimo intervencionismo público; gravísimos
los perjuicios a la ética colectiva de la sociedad vasca;
irreparables, al menos a largo plazo, los efectos perniciosos en
una buena parte de la juventud vasca por una educación sectaria
en un nacionalismo etnicista; e irreversibles las pérdidas
en vidas humanas.
Por eso, que
ETA se descubra hoy como «apóstol» de la democracia
y la paz en el diario Gara es, simplemente, una patraña que
nadie debe comprar. Y menos que nadie, el Gobierno de José
Luis Rodríguez Zapatero y el PSOE, que bastantes errores
han cometido hasta el momento con discursos ambiguos sobre Navarra,
sobre Batasuna, sobre las víctimas y sobre el futuro constitucional
de España. La territorialidad, la autodeterminación
y la amnistía son radicalmente inadmisibles, ni siquiera
como «consumo interno» de los terroristas. El Gobierno
debe decir cuanto antes «no» a todo lo que ETA proponga
que sea distinto de su rendición incondicional, para afrontar
este proceso, de una vez por todas, como el de la definitiva derrota
terrorista.
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