GRANDES ESPERANZAS
Angélica Mora
Texas
Angélica Mora
Espero que Sebastián Piñera no nos desfraude.
El Nuevo Presidente de Chile, que tomará posesión del cargo éste jueves, es todo lo que se espera de un jefe de Estado. Sin agenda previa, salvo servir a su patria en la mejor forma posible.
La tarea de la reconstrucción del país, luego del devastador terremoto del 27 de febrero tomará la mayoría del tiempo del nuevo mandatario.
Su programa de trabajo ha sufrido enormes variaciones luego del sismo. De lado ha quedado la política partidista. Y no es para menos, luego del desastre natural que sufrió el sur del país, el peor en su historia.
Piñera, junto con los partidos políticos, se dispone a arremangarse la camisa y proceder a levantar la nación de la enorme destruccion física y anímica que sufrió la madrugada de ese fatídico sábado, en que la naturaleza descargó su descomunal fuerza contra la nación andina.
Las cifras de las expectativas de los chilenos también han variado y más del 60% de los chilenos cree que Piñera será un buen presidente.
Según los resultados de una encuesta difundida hoy en Santiago de Chile realizada por la consultora privada Adimark, el 59% estima que al país le irá bien con el nuevo Gobierno, pese a la enorme tarea que tomará la recontrucción.
Un 27% de los encuestados cree que a Chile le irá regular y un 3% augura un mal desempeño de la próxima Administración, porcentaje que cayó siete puntos desde el último estudio realizado en enero pasado, antes de la catástrofe.
El 11% restante de los entrevistados no sabe o no respondió a la pregunta.
El resultado del sondeo según los autores, "muestra probablemente una actitud más favorable a los llamados a la unidad nacional del presidente electo".
Las áreas donde los consultados creen que el Gobierno de Piñera conseguirá mejores resultados tras el terremoto, son la seguridad y orden público (70%) y la reconstrucción de viviendas y obras públicas (63%).
En cambio, antes del sismo, las relaciones internacionales era el campo en el que los chilenos esperaban un mejor desempeño del país, con el 71% de las preferencias, seguido de el combate contra la delincuencia (66%) y el crecimiento de la economía (64%).
El estudio también consideró las esperanzas de la población respecto al cumplimiento de las promesas de campaña de Piñera, donde en general creen que se harán efectivas.
Esperemos -por beneficio del mismo pueblo chileno- que las promesas y expectativas del nuevo gobierno se cumplan.
Muchos esperamos también un dramático cambio en las relaciones internacionales con el eje dominado por Cuba y Venezuela.
Es allí donde Piñera debe centrar sus esfuerzos diplomáticos y ganar la voluntad de naciones indecisas o bajo el encantamiento de la flauta mágica del comunismo.
Piñera debería ocupar un lugar de liderazgo frente a la exigencia del respeto a los derechos humanos en el mundo y dedicar un fuerte apoyo a los activistas y opositores que luchan dentro de naciones dominadas por regímenes de fuerza, como los de La Habana y Caracas.
De este modo le arrebataría a Brasil el centro de equilibrio de fuerzas de la región, que por falta de otro país vino a parar a las manos de Lula, quien emplea ese liderazgo sirviendo intereses en su propio beneficio.
Por todo lo que está involucrado, espero que Piñera no nos desfraude.
BACHELET Y EL SÍNDROME PINOCHET
Angélica Mora
Texas
Apuntes de una periodista
En Chile llegó el momento de rendir cuentas por la tragedia que siguió al terremoto del sábado pasado. Ahora resulta que el gobierno de Michelle Bachelet da toda clases de disculpas por esto y por aquello, con declaraciones que ni ella misma se las puede creer.
Para agravar aún más el caso, se ha sabido que sus asesores le recomendaron no recurrir a los militares.
¿Cómo puede explicar la Mandataria su ineptitud e indecisiones, que quedaron comprobadas al dejar aislados a los sobrevivientes sin alimentos, sin agua y sin protección de ninguna clase, durante tres críticos días?
Añadiendo más leña a la hoguera, sólo este viernes la Presidenta viajó a la región devastada por el terremoto, arribando a Concepción, una de las ciudades más golpeadas por el sismo.
Toda la tragedia, posterior al terremoto, pudo haberse evitado. Las víctimas del maremoto, que siguió al devastador sismo grado 8.8 del sábado, se podrían haber salvado si hubiera habido un alerta de las autoridades del terrible peligro que venía y se hubieran puesto a salvo con el tiempo suficiente para escapar a los cerros o partes altas del litoral.
Desgraciadamente, muchos se confiaron en las declaraciones oficiales que indicaron que el fenómeno marítimo no se iba a producir.
Hay una justa indignación en el pueblo y especialmente entre los sobrevivientes quienes se vieron, además, completamente dejados a su suerte en materia de protección contra los saqueos y pillajes que se añadieron al drama.
No hubo una razón válida para no haber enviado tropas a custodiar los bienes y los hogares desguarnecidos y a merced de los delincuentes, al caer las edificaciones y faltar la luz eléctrica.
El toque de queda se impuso demasiado tarde y la reputación de todo un país -orgulloso de su democracia y civilismo- se vino al suelo ante el ataque de bandas de saqueadores que luego de robar, incendiaban los locales. Las turbas llenaron de temor a los sobrevivientes al extender sus crímenes a los barrios de casas semidestruidas por el sismo.
"Este gobierno funcionaba todos estos años en completa inercia y tuvo que ocurrir el terremoto para que quedara su ineficacia totalmente al descubierto ", me comenta mi amiga Berta Cáceres desde Santiago de Chile al relatarme su odisea de estos días.
Tito Márquez agrega en un correo electrónico desde la ciudad de Valdivia: "Lástima que pagamos tan caro tener este tipo de gobierno en el poder por tanto tiempo".
La Presidenta sigue negando haber rechazado la mano internacional, cuando muchas cancillerias recibieron un rotundo -"No, gracias" cuando ofrecieron sus ayudas.
Pero, quizás la equivocación más grande del gobierno chileno fue "evaluar" los efectos del sismo del sábado en forma equivocada y rechazar la entrega del control de las operaciones a los militares.
Tres horas después del terremoto, la Presidenta encabezó una reunión con representantes de las Fuerzas Armadas. Estaban presentes los ministros Francisco Vidal de Defensa, Sergio Bitar, Obras Públicas, el subsecretario de Interior Patricio Rosende, y la asesora de Bachelet, María Angélica Álvarez.
Según informa una fuente de la Moneda, la Mandataria pidió información, pero nadie dijo tener datos precisos de los alcances de la tragedia.
Agrega la información que chocaron los egos del gobierno con los representantes castrenses y a partir de ahí emergieron graves problemas de comunicación e información.
Los militares señalan que debido a la extensión de la región afectada y la falta de energía eléctrica, ellos propusieron decretar el Estado de Catástrofe.
La sugerencia no fue tomada en cuenta.
Por su parte, miembros del gobierno reconocen que la mañana del sábado estuvo marcada por un fuerte debate sobre si se le debía permitir la entrega del control operativo de la región afectada a los militares.
El "Síndrome Pinochet" y lo ocurrido durante el golpe de 1973, primó sobre el análisis frío de la situación y un grupo de asesores, entre ellos el jefe de la Secretaría de Comunicaciones, Juan Carvajal y el jefe de gabinete presidencial, Rodrigo Peñailillo, recalcaron en la reunión que si se entregaba el control a los militares esta medida terminaría afectando la imagen de Michelle Bachelet y la presentaría como cediendo su autoridad ejecutiva a los militares.
"Para una Coalición que luchó contra la dictadura, la idea de tener a los militares en la calle no fue fácil", explicó el ministro Bitar, exteriorizando por primera vez parte de ese debate interno.
Cientos de chilenos pagaron con sus vidas ese y otros errores del gobierno de Michelle Bachelet.
Los reemplazos y amonestaciones y el análisis que se haga ahora de las responsabilidades del gobierno saliente, poco pueden hacer para calmar el dolor de los que perdieron a sus seres queridos y sus pertenencias en una forma, que se está viendo, hubiera sido fácil de evitar.
EMPEZAR...
Angélica Mora
Texas
Apuntes de una Periodista
La imagen de Chile hoy es otra, diferente a la aterradora de días pasados.
Hay esperanzas y la gente se ha organizado para rehacer sus vidas.
Las vecinas se han unido y preparan comida colectiva. El almuerzo comunitario es ya un elemento que se ve cuadra por cuadra en las zonas devastadas.
Los hombres crearon cuadrillas de vigilancia y se turnan para la protección de sus barrios.
Al comenzar el pillaje muchos grupos organizaron "patrullas ciudadanas" y cerraron sus cuadras montando barricadas para protegerse de las bandas de saqueadores.
Por otra parte, miles de familias han fijado hogares temporales en puestos y campamentos improvisados cerca de las carreteras, donde están recibiendo los primeros paquetes con raciones de comida y medicinas.
Grupos universitarios están realizando tareas de recolección y distribución de la ayuda a los necesitados, en recorridos y puestos fijos.
Por otra parte, por primera vez en cuatro días, los sobrevivientes han comenzado a recibir ayuda y protección del gobierno.
El ejército ha comenzado a construir pasadas metálicas de emergencia para cruzar a las zonas que quedaron aisladas por la caída de los puentes.
Lo más esperanzador es comprobar que frente a toda la tragedia ha surgido el verdadero espiritu de los chilenos de solidaridad y ayuda.
Como me señala una amiga en un correo electrónico desde Santiago de Chile: "Chile es ya un país diferente, en un par de días dejamos atrás las lamentaciones.
Los jóvenes se han lanzado a las calles ofreciendose como voluntarios, para clasificar, embalar y cargar toda la ayuda que la gente ha donado, con una actitud generosa y desprendida como ninguna.
Salen camiones, la mayoría particulares, cargados de comida, ropa, agua, carbón, hacia el sur.
Hay mucha gente que llegó a la zona cero incluso mucho antes que lo hicieran los camiones que manda el gobierno.
Santiago vuelve lentamente a la normalidad, sin embargo los jóvenes que todavia no empiezan sus clases en la universidad se han unido, se han contactado vía facebook o vía twitter y estan trabajando todos generosamente para ayudar a sus compatriotas.
Este no es un pueblo doliente ni pasivo, toda la gente se ha organizado para ayudar. Hay centros de acopio que ya están llenos, incluso hay mensajes a cada rato en twitter para que la gente no lleve mas ropa, se necesitan otras cosas y la salida de los camiones ahora es constante.
Hay esperanza detrás de toda esta actitud generosa de la gente, esperanza de que no obstante nuestras autoridades son mediocres el espíritu del pueblo chileno no ha sido amilanado, estamos unidos, todos concentrados en la desgracia de los que lo han perdido todo.
Seguimos teniendo tezón, somos trabajadores, empeñosos, luchadores y con la prueba de lo que estamos viendo a diario en televisión ya no nos cabe duda de que no obstante todas las dificultades, saldremos adelante, reconstruiremos nuestro país y no gracias a que nuestros líderes nos han sabido conducir, sino que gracias al espíritu indio, aguerrido y fuerte de todos los chilenos".
Existe, asimismo, la promesa de una rápida recuperación hecha este jueves por el Presidente electo Sebastián Piñera, quien nombró sus futuros gobernadores y les pidió que se integren de inmediato a los comités de emergencia para evaluar y tener preparada la tarea para el 11 de marzo cuando lleguen al poder.
Aunque la Presidenta Michelle Bachelet ha pronosticado que la recuperación tomará los cuatro años del próximo gobierno, expertos de Piñera dicen que la limpieza y la reconstrucción se iniciará de inmediato cuando asuma la nueva administración y las zonas más afectadas estarán en pleno funcionamiento en seis meses,para celebrar las Fiestas Patrias del 18 de septiembre.
¿QUÉ PASÓ, CHILE?
Angélica Mora
Texas
Apuntes de una Periodista
No es bueno pensar mal, pero ante el mal no queda otra alternativa.
Lo ocurrido en mi patria -saqueos y pillaje luego del terremoto- no tiene una explicación muy clara y quizás es que los chilenos presumíamos y nos enorgullecíamos demasiado de nuestro civilismo.
Para muchos, haber ganado en las elecciones pasadas y haber elegido como presidente a un hombre diametralmente opuesto al gobierno actual, se estimó como un triunfo natural y un paso directo hacia un futuro diferente. No se sabía lo difícil que sería y menos aún que venía un episodio con que nadie contaba -el terremoto- 12 días antes de asumir el cargo el nuevo mandatario.
Resulta que los elementos negativos estaban ahí, agazapados esperando para dar un salto y demostrar lo frágil que somos en el terreno de personas civilizadas.
Hay un libro, que leí justamente en mi niñez en Chile y que me impactó mucho. Se llama "La Psicología de las Masas" y analiza el comportamiento humano frente a un acontecimiento; y cómo el individuo como tal, pierde su identidad para sumarse a la ola general, que barre con los sentimientos básicos en determinado momento.
La anarquía de estos días en Chile logró levantar un demonio que borra siglos de civilización y convierte al hombre sin autoridad en un ente sin frenos. Por eso, los chilenos, luego que saquearon, quemaron también los establecimientos y negocios al verse sin sujección... y libres de obrar a su antojo.
Las reglas del juego de la civilización se rompieron en Chile en esta ocasión por la falta de liderazgo e incompetencia.
Les aseguro que con el general Augusto Pinochet estos hechos no hubieran ocurrido. Ese submundo que salió al pillaje lo habría pensado dos veces.
Ricos y pobres salieron a robar, porque no había autoridad que se los impidiera.
La ley de la selva primó y nunca se aplicó la ley contraria que es la del orden.
Muchos resentidos salieron al pillaje en una forma de burla al voto que cambió los destinos de la nación.
Cientos salieron instruidos por las bases del partido para hacer daño al país y entregárselo desprestigiado al nuevo presidente. Se ha visto esta actitud de desamor a la Patria en los regímenes izquierdistas, que rompen y se roban todo, en el último minuto, cuando se ven obligados a entregar el poder.
Tengo base para decirlo: Me han llegado fotos, videos y artículos mostrando este rostro amargo de Chile, provenientes de personas y entidades izquierdistas de mi mismo país, mofándose de lo ocurrido.
Yo no me pregunto que habría pasado si hubiera asumido Sebastián Piñera la presidencia antes del terremoto. Estoy segura que las órdenes para ir en alivio de los damnificados se habrían cumplido de inmediato y las hordas nunca habrían salido a las calles para realizar el pillaje que hoy avergüenza al resto de los chilenos.
Miles han cumplido una labor encomiable en el salvamento de vidas luego del terremoto y ésta es la imagen que se habría visto internacionalmente.
Ahora sólo queda contar los días que faltan para el 11 de marzo para que se imponga en Chile un verdadero estado de derecho.
Lo ocurrido, los saqueos y el pillaje, quedarán en la memoria y nos harán más humildes, porque nos han enseñado la dura lección de que la maldad siempre está ahí y sólo requiere el momento oportuno, para mostrar su cara.
Grandes Esperanzas. Espero que Sebastián Piñera no nos desfraude. El Nuevo Presidente de Chile, que tomará posesión del cargo éste jueves, es todo lo que se espera de un jefe de Estado. Sin agenda previa, salvo servir a su patria en la mejor forma posible. La tarea de la reconstrucción del país, luego del devastador terremoto del 27 de febrero tomará la mayoría del tiempo del nuevo mandatario. Su programa de trabajo ha sufrido enormes variaciones luego del sismo. De lado ha quedado la política partidista. Y no es para menos, luego del desastre natural que sufrió el sur del país, el peor en su historia. Piñera, junto con los partidos políticos, se dispone a arremangarse la camisa y proceder a levantar la nación de la enorme destruccion física y anímica que sufrió la madrugada de ese fatídico sábado, en que la naturaleza descargó su descomunal fuerza contra la nación andina.