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Fecha de Ingreso: octubre-2009
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Predeterminado La otra cara del "desertor" cubano

Nadie dice abiertamente lo que piensa del sistema social, económico o de las miles de libertades negadas durante tantos años, millones de cubanos funcionamos como autómatas entrenados para acatar órdenes y seguir doctrinas. Han arrancado de nuestras raíces los deseos de libertad y las ansias de un mundo mejor a partir de miles de sesiones de hipnosis regresivas camufladas en discursos vacíos y retóricos.

Los “open mind” nos reuníamos de forma informal, conversábamos sobre los temas que día a día afectan nuestras propias vidas, pero las conclusiones finales eran meramente filosóficas y nunca nos propusimos modificar el sistema desde sus propias raíces. A menudo nos llegaban noticias de médicos que habían abandonado las misiones internacionalistas (primer renglón de la economía cubana) y que en el caso específico de los talentos ascendía al 17% del total.

Poco a poco las “deserciones” se convirtieron en noticia frecuente y comenzamos a dibujar círculos con los que conocíamos. El tiempo pasó y los círculos se estrecharon hasta quedar nosotros como parte de ellos, con pocas posibilidades de escapar a esta ruleta de la suerte. La espada de Damocles que nos ponemos una vez que decididos abandonar el rumbo normal del sistema amenaza con clavarse en nuestros corazones cuando manipulan los sentimientos con la prohibición de entrar a Cuba o de salir a nuestros familiares más cercanos. La peor suerte de los cubanos, además del régimen totalitarista y dictatorial que gobierna, es que vivimos en una isla, sin frontera terrestre y cerrada a cal y canto como la cárcel de Alcatraz.
Esta idea siempre ha sido manipulada por el gobierno cubano y siempre ha puesto como principal culpable a la Ley de Ajuste Cubano del gobierno de los Estados Unidos. La realidad va más allá de esa lectura simple y mediatizada, la verdad está relacionada con las propias aspiraciones de más de la mitad de los cubanos que viven con menos de 1 dólar diario y que por mucho que se esfuercen no superarán los 10-15 euros mensuales. La hora en Cuba se paga a 0.06 céntimos de euro, lo que equivale a un salario promedio de 400 pesos cubanos al mes. Si hacemos algunas comparaciones interesantes con los productos de consumo diario descubrimos que en Cuba se trabajada diariamente por el precio de un jabón, de un refresco con gas o una botella de agua mineral.
Un profesor universitario en un centro de educación médica superior recibe de remuneración salarial mensualmente el equivalente a 20 euros o menos, lo cual es una infamia y un hecho de discriminación laboral fragrante. Los “desertores” que decidimos abandonar las misiones oficiales y buscar nuevos horizontes en países democráticos no somos ricos que huyen de la nacionalización de bienes, ni eméritos profesores que viven en mansiones, ni burócratas empedernidos que se aprovechan del sistema social. Los “desertores” somos los que a diario sudamos la gota gorda y solo recibimos una bicicleta de regalo, los que a diario tenemos que colgarnos en un autobús, o esperar 2 horas en una parada mientras repasamos las operaciones pendientes para la jornada diaria.

Los “desertores” del sistema dictatorial hemos sido héroes silenciosos de la doble moral y el unipartidismo recio, de la retórica comunista y las ansias de poder de varios megalomaníacos perdidos. No somos desertores de los “open mind”, ni hemos abandonado nuestros valores; solo decidimos denunciar con libertad plena a los que nos maltratan y humillan; a los que nos han mancillado por más de medio siglo.
No somos desertores, ni traidores, ni “gusanos”; solo queremos que la verdadera cara del poder se conozca y los que tanto predican igualdad decidan abandonar sus lujosas casas y carros, sus posiciones preferenciales y los miles de kilogramos de carne de res que se comen cada año. Solo queremos que los cubanos de a pie tengan acceso a una vida decorosa, a una alimentación sana y a un futuro lleno de esperanzas.
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