El día 22 fue su juicio sumarísimo, San Francisco fue el único periodista independiente que lo cubrió –acompañado de otro periodista de HabanaPress, Joaquín Torres, que iba como relevo para caso de incidencia- y lo reportó para Radio Martí después de que la policía política, que lo tuvo retenido durante toda la sesión, le permitió salir del Juzgado. Las tres gomas del triciclo de Joaquín Torres estaban pinchadas. Pero había que dar esa noticia. El periodista le dijo a su amigo “Ocúpate tú de la moto, que yo le trasmito por teléfono la nota a Solano y él la pasa a Radio Martí. Así se hizo.
Pocos días después cayó el director de Habana Press, Rafael Solano, quien estuvo más de 40 días en Villa Maristas durante los cuales San Francisco diseñó y dirigió una intensa campaña internacional por su liberación comunicándose diariamente con la representante de Habana Press en Miami, Iraida Montalvo y con Teté Machado y Ariel Hidalgo, también en Miami, quienes trasmitían la información a Reporteros Sin Fronteras, en París, el Comité Para la Protección de los Periodistas, en New York, y Amnistía Internacional, en Londres.
En libertad Solano, ya todo estaba arreglado para que el Director saliera desterrado hacia España. San Francisco, en cambio, aún no se había ocupado de sus propios trámites y su salud estaba sensiblemente deteriorada por su habitual debilidad después de haber sido operado años atrás de un cáncer de tiroides, por no haber estado tomando la medicación que debía tomar “De por vida” y por la presión a que estuvo sometido, entre ella, a tres timbrazos del teléfono de Habana Press, cada 20 minutos, las 24 horas del día, durante 40 días y, también, porque él no quería bajo ningún concepto salir de Cuba, así como porque su padre acababa de morir después de una larga enfermedad y un igualmente prolongado ingreso que lo obligaba a estar de día en la Oficina de Habana Press y de noche en el Hospital Naval.
Su única hermana enfrentaba un delicado padecimiento psiquiátrico por la presión a que veía sometido a su hermano periodista. En estas circunstancias delicadas su salud no resistió más y se desmayó varias veces en plena faena en la Oficina de Habana Press.
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