Al morir Fidel
Castro el gobierno sucesor en Cuba va a decretar ese día Luto
Nacional, quizás por setenta y dos horas o incluso convertir
el hecho en efeméride histórica, lo cual ahora no podemos
evitar. Ellos tienen el poder e ignoran el dolor ajeno.
En Cuba lo ideal
seria hacer un Panteón por todos los Caídos, sin esperar
la muerte de nadie. Eso haría pensar a todos en los errores
cometidos, incluso haría reflexionar a los Castros, quienes
en los últimos cincuenta años han manejado al país
a su antojo, aunque al parecer todo será posible después
de su muerte.
La vida de Fidel
Castro para muchos llena de odio, ambición de poder, decisiones
sangrientas, y destrucción general, para otros, sus seguidores:
un líder con todo lo que esto entraña. Se habla de fidelismo
como ideología practicada en los últimos cincuenta años
en preferencia a la calificación de marxismo socialista.
Decretar Luto
Nacional por un solo hombre, por Fidel Castro, que durante su
vida ha gobernado como si el país fuese la prolongación
de su único Yo, es inaceptable. El gobierno sucesor debe considerar
el dolor de todos, sin que esto signifique humillarse y muchos menos
se exige para humillar a nadie. Todos los caídos merecer ser
recordados.
Lo cierto es que
Castro tiene seguidores, no podemos tapar el sol con un dedo. Aunque
entre ellos haya un número que no sienta de veras lo que hacen,
el hecho de seguirlo, de apoyarlo con el trabajo dentro del gobierno
y las instituciones estatales que han garantizado su permanencia en
el poder, iguala el fenómeno. Esto hay que tenerlo en cuenta
para prever la declaración oficial cuando Castro muera.
Los oponentes
a esos cincuenta años de fidelismo en Cuba, donde me encuentro,
debemos tener en cuenta la existencia de este grupo gubernamental,
sus sentimientos y perspectiva pero, también debemos exigir
el reconocimiento de nuestros muertos y el sacrificio de entender
el derecho de nuestros adversarios a recordar a los suyos.
En la propaganda
impulsada por el oficialismo se denuncia al exilio cubano, sus organizaciones
históricas, como hombres intolerantes y llenos de intenciones
de venganza, eso no es verdad. El dolor concentrado aquí en
la diáspora, donde hay libertad para expresarlo, hace posible
hacerlo y ha sido objeto de tergiversaciones. Por ello también
se acusa a los exiliados de monopolistas del dolor, no siendo esto
real.
Lo justo es un
día convivir con las diferencias. Es duro en ambos lados la
aceptación de la visión contraria, los seguidores de
Fidel Castro no aceptan el dolor de sus adversarios. Cuando ellos
matan, creen haber dado muerte a sus enemigos de guerra, a quienes
acusan de atentar contra la identidad nacional al servicio de una
potencia extranjera. Otra falsedad que omite la responsabilidad gubernamental
de innumerables muertes, causadas incluso por misiones oficiales,
ellos también merecen luto.
Los oficialistas,
también acusan a sus adversarios de excesos cometidos, sobre
hechos en el Escambray, el avión de cubana derribado en Barbados,
entre otros que dibujan una guerra infinita. Estos hechos hay que
investigarlos y encarararlos con objetividad, sobre todo para dejar
de usarlo como argumento para anular a otros.
En realidad ha
de ponerse fin a las acusaciones mutuas, esa mentalidad primitiva
va a cumplir cincuenta y un años. Hay que detener el atrincheramiento
de ideas y monopolios de dolor. Los problemas nacionales son superiores
al debate político actual sobre si tú me tratas de matar
y tú me persigues, los dolores patrios deben terminar ya. Hay
dentro de Cuba once millones sufriendo.
Fíjense
lo ocurrido al pobre Pánfilo, un hombre enfermo que dijo que
en Cuba hay hambre y por eso lo llevaron a prisión. Menos mal
que ha habido un intento de rectificación en este hecho abominable,
es de esperar otros, como la liberación de poetas y escritores
encarcelados por hablar y escribir, en la conocida primavera negra
del 2003.
Los cristianos,
civilización a la que pertenecemos, pueden entender el Luto
Nacional por Todos los muertos o bien el Panteón por
todos los Caídos, sea en confrontación, en la cárcel
o en el mar. Todos los caídos merecen ser recordados por sus
dolientes dentro de la patria común.
Al menos, si hoy
no se construye ese panteón de los caídos, espero que
la muerte de Fidel Castro sirva para iniciar el sendero de la reconciliación
nacional. Su vida ha generado destrucción, esperemos que su
desaparición sirva a la paz nacional y entierre junto con el,
todo caudal de valores negativos.
*
Juan Jose Lopez, Abogado cubano exiliado, miembro de la Corriente
Agramontista.