NOSTALGIAS








Por Teresita Mayans
Columnista
Miami
Florida
E.U.
La Nueva Cuba
Mayo 28, 2008


 

Qué es Nostalgia, un sentimiento, una necesidad, una añoranza, una tristeza? Todo esto hecho un mazo o como dirían brasileros y portugueses: Saudades. Un extraño sentir de que algo hermoso de lo vivido falta. Un recuerdo con sortilegio. Como quiera sentirse o decirse creo que eso es definido como Nostalgias y a veces duele y humedece los ojos sobre todo cuando se piensa en aquella Habana rutilante, aquella Habana bruja que te agarraba y no te soltaba y eras su prisionero voluntario para siempre.

Aquellas noches de Montmartre, cuando entrábamos al cabaret para ver aquellos shows llenos de burbujas perfumadas lanzadas al público en Las Pesadillas de Carlile y te encontrabas con el famoso Caballo Blanco parado en sus dos patas traseras.

Después, La Vie en Rose salida de la garganta de Edith Piaf o a Luisito Tamayo y a Pepe Lara con sus Chavales de España o a Brenda “la peregrina” (de quien tu sabes) y Sicardi bailando atrevidas y elegantísimas danzas que terminaban con la Brenda, casi desnuda, sentada en la mano alzada de Sicardi casi pegada al techo o a la mimosa Cathina Raynery durmiendo a un bebé con su melódica canción Cachito, Cachito mío…

Recuerdo cuando los Churumbeles de España tocaban aquella canción Cinco minutos nada más y Olga Chaviano, la preciosa bailarina nuestra se besaba ardientemente con su Luisito García, otro grande de la música nuestra.

Salíamos de Montmartre y…a tomarse una sopa china en 12 y 23 o en La Segunda Estrella de Oro en Cuatro Caminos.

Otras veces íbamos a La Gruta enclavada debajo del cine La Rampa para escuchar a Ela O’Farrill su guitarra y sus canciones y a la magnífica Esther Montalbán y su piano tocando y cantando aquello de “si has perdido la fe y te has vuelto medrosa y cobarde, el Hastío es pavo real que se aburre de luz en la tarde…” Me encantaba ir con Enrique Montaña, el actor, mi buen amigo.

Siguiendo el recorrido en el Hotel Nacional estaba Felipe Dulzaides y su grupo con Doris de la Torre o Margarita Royero con aquellas voces tremendas haciendo crecer romances entre los románticos asistentes y que de vez en cuando se imponía un beso y un “te quiero” escuchado y recibido con el frescor de la menta y la sabrosura del chocolate.

Alguien sugiere, quizás mis compañeros o uno de ellos: “Vamos para el Club 21 a tomarnos una sopa de cebollas” y ahí, Frank Domínguez con otra de las grandes, Elena Burque o con el cuarteto Las D’Áida.

Capítulo aparte: La Guillot, El Capri con Olga de Cuba, con la Olga mía y tuya y de todos los cubanos (perdón, un momentico, es que me dieron muchas ganas de llorar) me pareció escuchar a Olga cantando mi número preferido “Miénteme” . Claro que hay que llorar en esta fuga virtual que nos lleva a esa Habana mágica y que esta “ puñetera mulatica”, al decir de Rita Montaner, logró meterme ahora mismo, en este instante, en el Capri y escucharla como entonces hace cincuenta años. Gracias Olga por hacerme volar a la Habana y creerme que estoy ahí, frente a tí, escuchándote.

Otro día me fui con la trouppé de la casa de huéspedes hasta Pigalli, en 25 y O, Vedado, para escuchar a Vicente Palop, su piano de cola grande y su acordeón interpretando fados, canciones de la brasilera Maisa Mataraso, y me gustaba, bueno, me gustaban tantas cosas, tantas, porque en aquella Habana se podía recorrer de arriba abajo sin que nadie te molestara, ni te asaltara, que baste decir, era mágica e irrepetible.

Más Nostalgias, en el próximo número de El Nacional, donde te llevaré de la mano por Sans Souci, Tropicana, El Colmao y…por qué no, por El Chori en la Playa de Marianao.

¡Ah, si las Nostalgias te ponen triste y te hacen llorar siempre recuerda que al menos lo viviste. Llora por los que no pudieron disfrutar aquella Cuba, aquella Habana que ni siquiera se imaginan

 


* Escritora y ex presa política cubana.

Fuente Proyecto Sukhoi T-60s -

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