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PELIGRO
EN EL DESIERTO
Por Roberto Luque
Escalona *
Columnista
Miami
Florida
E.U.
La Nueva Cuba
Junio 5, 2009
El país es
grande, mayor que México, pero es casi todo arena y rocas. La
región sur llamada Rub Al-Jali, que significa "el Lugar
del Vacío", no se llama así por gusto: allí
no hay ni donde amarrar el camello. El resto no es mucho mejor. Sin
embargo, ese peladero tiene una doble importancia: es el mayor productor
de petróleo del mundo y la cuna del Islam.
Cuando una nación se convierte en imperial, su país de
origen es casi siempre el corazón del imperio. Con los árabes
no sucedió así. Mientras Damasco (Siria), Bagdad (Mesopotamia),
El Cairo (Egipto) y Córdova (España) se convertían
en centros de poder, riqueza y civilización, Arabia pasó
a ser una especie de traspatio polvoriento, apenas un foco de peregrinación
religiosa, porque allí había nacido Mahoma y allí
se había fundado la religión que los impulsó a
la conquista de otras tierra mejores.
El Islam nació en el siglo VII D.C. A principios del VIII (711)
los árabes ya estaban en España. Duraron mucho, los califas
y sus califatos. ¿Saben lo que es un califa? Un señor
que es jefe político y religioso; para que me entiendan: el ayatola
Jomeini era, de hecho, un califa. En el siglo XX. Los monarcas cristianos
del Medioevo no eran líderes religiosos, posición que
ocupaba el Papa; eran déspotas absolutos, pero no en materia
religiosa, y cuando se producían conflictos entre ambos poderes,
podía pasar de todo.
Federico IV (llamado, como el esbirro de Esteban, Barbarroja), Emperador
de Alemania, se puso zoquete con el Papa Gregorio VII (el único
Papa que es más conocido por su nombre original, Hildebrando),
quien lo excomulgó.
El Emperador tuvo que acudir al castillo de Canossa (no Canosa) a pedir
perdón, e Hildebrando lo tuvo de penitencia una noche entera
ante la puerta del inmueble a no sé cuántos grados bajo
cero. Barbarroja no quedó convertido en un frozen de emperador
sólo porque Dios es Grande. Con esta verídica historia
he tratado de ilustrar las diferencias entre el mundo cristiano y el
musulmán: ni en sus peores momentos el cristianismo conoció
un despotismo tan absoluto, tan centrado en una sola fuente de poder
como el que aún subsiste en algunos países regidos por
los preceptos del Islam.
Volvamos a Arabia. Allí sólo quedaron los habitantes del
Hedyaz, la región ribereña del Mar Rojo donde esta La
Meca, y tribus de beduinos (nómadas del desierto) rezagados.
Así, durante un milenio. Los estados árabes, más
divididos que la disidencia cubana, decayeron. Además, aquel
pueblo que en menos de ochenta años desfiló en son de
guerra de las orillas del Mar Rojo a los Pirineos perdió su ímpetu
guerrero. Su último destello militar fueron los mamelucos, casta
formada originariamente por esclavos que cambiaban la esclavitud por
la guerra, y que estuvieron pelándole la paciencia al mundo hasta
fecha tan cercana como la segunda mitad del siglo XIX, cuando los marines
acabaron con ellos en Trípoli, en lo que hoy es Libia.
Otro pueblo musulmán, los turcos, ocuparon el lugar de los árabes..Unidos
bajo un poder único, buenos guerreros hasta hoy, se convirtieron
en un dolor en el asno para Occidente. Entre sus conquistas menos importantes
estuvo el Hedyaz, del que apenas se ocuparon, y cuya dinastía
jerifiana (descendientes de Mahoma) respetaron. En el futuro, otros
no la respetarían
A finales del siglo XVIII, un señor llamado Mohamed (o sea, Mahoma)
Al-Wahab, imitando a su antecesor y tocayo El Profeta, se casó
con una dama rica, lo cual le permitió dedicarse full time a
recibir revelaciones de Alá. A partir de ellas, fundo la secta
que lleva su nombre, los wahabitas, pioneros del fundamentalismo en
la era moderna. Ya en el siglo XX , con los turcos fuera del juego luego
de su derrota en la I Guerra Mundial, los fundamentalistas wahabitas
se aliaron con el jefe beduino Saud, juntos se apoderaron del desierto
y terminaron por deponer a los jerifes de La Meca, descendientes de
Mahoma respetados por los turcos, pero no por ellos. De ahí,
en 1932, surgió Arabia Saudita. Casi al mismo tiempo, compañías
americanas descubrieron petróleo en los arenales.
Arabia Saudita, ese inmenso depósito de hidrocarburos, esta gobernado
por los herederos de Saud, la familia más numerosa (son como
30 000) y corrupta del mundo, y la alianza con los fundamentalistas
wahabitas continúa. Como consecuencia, este país "aliado"
de Estados Unidos subvenciona las escuelas coránicas de las que
salen los fanáticos terroristas, subvenciona también al
propio terrorismo bajo la sombrilla de organizaciones "humanitarias"
y recluta adeptos en las cárceles americanas que nutren a la
racista Nación del Islam, los llamados Black Muslims, que no
admiten blancos, condenan las uniones interraciales y predican el antisemitismo.
Las compañías petroleras me recuerdan a un médico
alemán, el Dr. Frankenstein; como él, crearon un monstruo.
Cinco reyes
ha habido en Arabia Saudita desde que Saud le dio ese nombre al reino,
nombre que suena como si fuera un patrimonio familiar. Y lo es. El actual,
Fahd, reina, pero no gobierna. ¿Cómo va a gobernar si
se hace caca en las piscinas? Hace ocho años sufrió una
embolia cerebral o alguna otra forma de chiripioca y quedó afectado
en sus facultades mentales y físicas. En esas condiciones es
poco lo que fastidia, aunque todavía es capaz de gastar cinco
millones de dólares diarios en sus visitas a la Costa del Sol
andaluza; pero en su copiosa parentela hay algunos sujetos que se las
traen. Sobre todo dos:
El príncipe Salman, hermano del incapacitado rey Fahd y gobernador
de la capital Ryad, a través de una organización "humanitaria"
(las comillas son, como verán, obligatorias) de ayuda los musulmanes
de Bosnia, parece haber estado implicado en los atentados contra las
embajadas americanas en Kenia y Tanzania, e incluso en la salvajada
contra las Torres Gemelas.
El príncipe Abdul Azis, hijo favorito de Fahd, que lo considera
su talismán, su amuleto, su aché, como diría un
babalao, subvencionaba a los talibanes a través de los wahabitas,
y no con cuatro pesetas, sino con cien millones de dólares solamente
en 1997. Eso, para él, es "una tierrita": este encanto
de criatura gastó más de cuatro mil millones en la construcción
de un palacio por el que se pasea a buena velocidad en una motocicleta,
por supuesto Harley-Davidson, llevándose por delante muebles
y criados.
Esos dos son los peores entre los malos. Por suerte, hasta ahora, el
gobierno está en manos del príncipe Abdulah, que parece
tener en la cabeza algo más que pelo y la toca de lana de camello.
Este Abdulah es un ser extraño: en vez de dilapidar petrodólares
a lo cretino en el antiguo territorio árabe de Al Andaluz, pasa
sus vacaciones en el desierto. Cabe suponer que el resto de la familia
lo odie, pero debe ser un tipo muy duro, porque nadie se atreve a disputarle
el poder. El problema es que ya cumplió los 79. En una de esas
se muere antes que Fahd, que tiene 80, y entonces, a ver qué
pasa.
Otro que no es bruto es el príncipe Bandar, embajador en Washington,
sobrino del rey, hijo de un hermano de Fahd y de una criada. Esto último,
aunque probablemente lo inhabilite como sucesor, no debe provocar que
se le subestime; Esteban Dido también es hijo de una criada.
Como todos ellos, Bandar es muy bueno derrochando dinero, mas también
en lo de untar manos con los billetes verdes; me recuerda algo que se
decía de nuestro Presidente José Miguel Gómez:
"se baña, pero salpica". Su desempeño en estos
menesteres seguramente influye en la extraña ceguera de algunos
en la capital americana; después de Cuba, Arabia Saudita es el
país con el que Estados Unidos se comporta de manera más
extraña.
Sí, ya sé: el petróleo. Pues sepa que hasta en
eso es precaria y peligrosa la relación con ese régimen.
Los yacimientos sauditas están muy concentrados, lo cual los
hace sumamente vulnerables al ataque de terroristas imaginativos y con
dinero. Con menos dinero e imaginación que los utilizados el
11 de septiembre se puede provocar un caos mundial en el abastecimiento
de energía.
"Cuba es el paraíso de los haraganes y los ineptos",
escribió Andrés Openheimer en un libro titulado con excesivo
optimismo La hora final de Castro. Discrepo. El verdadero paraíso
de esos ejemplares es Arabia Saudita: lo que no es gratis es barato,
el trabajo duro lo hacen los extranjeros y, a diferencia de Cuba, no
hay miseria. Sin embargo, alguien, por ejemplo, alguno de esos políticos
americanos que le dan duro al escocés con el príncipe
Bandar, debería hacerle llegar la traducción al árabe
de estos versos de Lorenzo Hierrezuelo dedicados a la vaca Ubre Blanca,
ligeramente modificados por mi: "Esteban tuvo una vaca/ y no la
supo cuidar/ Tanto la quiso ordeñar/ que se le murió de
flaca". Las reservas monetarias de Arabia Saudita ascendían
a 121 mil millones en 1980; ahora apenas pasan de 20 mil millones.
"Un reino en lucha consigo mismo". Así describe Robert
Baer a la monarquía saudita en un artículo publicado hace
meses en Selecciones, del que tomé muchos de los datos que aparecen
en el mío. Por una parte, la corrupción de la familia
real alimenta el fundamentalismo; por otra, esa misma familia trata
de aplacar a los fundamentalistas dándoles dinero para sus empresas
de adoctrinamiento y crimen.
Recio dilema. Y no es el único. Estados Unidos podría
eliminar la dependencia energética respecto a esos beduinos que
ya ni beduinos son explotando sus propios yacimientos de la zona ártica
de Alaska. Ah, pero eso perjudicaría los intereses de los osos
polares, las morsas, las focas y los caribúes. Todo parece indicar
que estamos atrapados entre los mercachifles petroleros y los loquitos
ecologistas.
*
Roberto Luque Escalona, ensayista, profesor, escritor y periodista opositor
cubano, autor de varias obras entre ellas el libro "Fidel y el juicio
de la Historia", fue miembro del grupo contestatario Criterio Alternativo
dentro de la Isla y sufrió arrestos y represión hasta salir al exilio.
Autor de varios libros entre ellos "Fidel:
El Juicio de la Historia" (en ediciones posteriores, incluída
una en inglés, aparece con el título original: "Los Niños
y el Tigre"). "Yo, El Mejor de Todos. Biografía no
autorizada del Che Guevara". El Profesor (novela; la edición en
francés salió con el título de "Une Maison Explosive". Bonpland
#8 (novela). "Lorenzo y El Cordero del Diablo" (novela; publicada
en Italia en edición bilingüe). Rolando Masferrer en el país
de los Mitos", (ensayo en proceso de edición sobre los mitos cubanos,
centrado en la figura de Rolando Masferrer.
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