EL REAL CABALLO DE TROYA
En esas cosas extrañas de la vida, el acuerdo que acaban de tomar por unanimidad los países que integran la OEA, anula la resolución alcanzada por esa organización en 1962 contra el régimen de Cuba y abre de par en par las puertas a un gobierno presidido por la misma dinastía contra la cual se tomó la medida. Y todavía dicen ¡y por favor perdone! Como bien lo dijo uno de los oradores: "muchos no habíamos nacido cuando esta decisión se produjo". Tiene razón. Se le podría argüir que por eso mismo, no pudieron haber captado en su plenitud lo que fueron esos años en que ese régimen se entrometía en los asuntos internos y violaba la soberanía de los países con el envío de armas para derrocar los gobiernos y tratar de imponer el comunismo a la fuerza, en toda la región. Por lo que ocurrió en la OEA, habría que aplaudir el título de la última reflexión atribuida a Fidel Castro llamada "El Caballo de Troya", ya que pone de manifiesto lo que realmente ocurrió en esa organización. La Habana no se pudo contener y quiso -con esa columna- vanagloriarse de lo bien que lo hizo al introducir su propio Caballo de Troya en los foros de América Latina con gobernantes aliados al Eje Cuba-Venezuela. Felicitarse por enviar emisarios con dones de persuasión y otro con la chequera lista para, como dice el tango "Mano a Mano", "pagar los favores recibidos". Por eso, por todo lo que ocurrió en la OEA, espero que estos países que hoy piden disculpas no se quejen cuando sus propios pueblos estén afectados por el mismo caos político, económico y social en que están inmersos los de Cuba y Venezuela. Ellos mismos han aprobado Dictadura por encima de Democracia, amparándose en sus propios razonamientos, con todos los riesgos que esto conlleva para el futuro. Ahora la tiranía se negó volver a la OEA y todos se quedaron como lo que fueron: simples piezas introducidas en un Caballo de Troya.
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