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  LA NUEVA CUBA
 
  
 
 
 
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CONTRA EL PREMIO DE PAYÁ

Por Raúl Rivero
CubaPress
La Habana
Nueva Prensa Cubana
Colaboración:
Jadir Hernández
La Nueva Cuba
Enero 12, 2003


Esta es la crónica de un aguafiestas. Esta es una nota contra el regocijo porque lo mejor para todos seria que Oswaldo Payá no hubiera viajado a Estrasburgo, a no ser que él, u Ofelita y los niños decidieran hacerlo como turistas, para conocer esa hermosa región del mundo.

Es verdad que aquí hay fiestas. Y que en Palma y en Caimito y en el Corojal y en Biajacas Gordas la noticia del premio y el viaje del líder opositor ha causado alegría y ha provocado reflexiones. Es cierto que en mi barrio, gente que yo no me podía imaginar me saludaban, algunas por primera vez, para comentar la presencia de Payá en Europa, y muchas zonas de su discurso y de sus mensajes a los cubanos, que aquí se escuchó en vivo a través de Radio Martí y otras emisoras del sur de la Florida.

Sí, hay que aceptar que la oposición interna recibió un corrientazo, y un mensaje directo de respeto, solidaridad y compresión por una parte del planeta que durante muchos años estuvo ciega y sorda, o por lo menos indiferente ante las alternativas de nuestras vidas bajo el totalitarismo.

Nadie duda que se puede hablar de conmoción y versos que inventó Jorge Luis Borges, a veces han sido más que hermanos gemelos. El esplendor del galardón y la destreza política, la honestidad y el contenido plural del desempeño de Oswaldo Paya en aquellas tierras llenan a toda la geografía de la oposición pacífica.

Las vibraciones llegan, desde luego, en primer lugar a quienes suscribieron y sostienen el Proyecto Varela como una de las vías para encontrar soluciones a la encrucijada. Pero tiene resonancias positivas en otros sectores importantes que promueven diferentes caminos hacia la libertad y la democracia.

Hay ondas y reflejos hasta en los filos de las espadas que defienden la paralización y las descoloridas fotos fijas en las que quieren inmovilizar la sociedad. Pero de todas formas, creo que lo mejor es que Payá no hubiera ido a Estrasburgo. Porque su ausencia de aquel foro significaría que no habría tenido que luchar año tras año por los derechos humanos, y por los presos políticos, ni por la libertad de expresión ni por la dignidad y la soberanía individual de sus compatriotas.

Lo ideal es que nadie tenga que recibir fuera de Cuba reconocimientos por trabajar a favor de libertades que nacen con el ser humano, y mucho menos que para salir a aceptar el premio necesite un permiso imperial para ejercer el derecho de salir y regresar a su patria.

Opino que lo mejor para este país es que Paya no hubiera tenido que viajar a Estrasburgo. Y estoy seguro que él también, si viviéramos en un Estado de derecho, en un país libre, preferiría permanecer en su casa de El Cerro, cerca de Dios y de su familia.


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