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FORO DE SAO PAULO: LA INTERNACIONAL TERRORISTA
Por Adolfo Rivero Caro
Columnista de El Nuevo Herald
Agencia de Prensa AIPE©
Venezuela Analitica
Diciembre 5, 2001
Comenzó en La Habana la X Reunión del Foro de Sao Paulo. No es casual
que en su primera reunión después del 11 de septiembre, el Foro sólo haya
podido encontrar anfitrión en uno de los baluartes del terrorismo mundial. La
agenda incluye “una evaluación del trabajo desarrollado por el Foro desde su
creación en 1990”. En efecto, tras la disolución del imperio soviético, Fidel
Castro y el brasileño Luis Ignacio “Lula” da Silva convocaron a todos los grupos
guerrilleros y partidos de izquierda de América Latina a una reunión en la ciudad
de Sao Paulo. Allí convino una abigarrada representación de asesinos,
timadores, secuestradores y narcotraficantes que comprendía desde las FARC
de Colombia y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional hasta los
representantes de los Túpac Amaru (MRTA) del Perú. Todos devotamente
instruidos por los teólogos de la liberación en los misterios del robo a mano
armada como expresión de la caridad y del tiro en la espalda como forma de
amor al prójimo. Casi 40 años antes, Fidel Castro había organizado la
Conferencia Tricontinental (1966) para aprovechar “la existencia de condiciones
para la lucha armada revolucionaria” en América Latina. Así que, como dijera
Yogi Berra, “es otra vez déja vu”.
El objetivo del Foro de Sao Paulo fue impedir la dispersión y disolución práctica
de las fuerzas anticapitalistas, tradicionalmente agrupadas en torno al
movimiento comunista internacional y obviamente desmoralizadas. Sin duda, ha
tenido éxito. En el orden práctico, tienen casi sojuzgada a Colombia. Han
conseguido un poderoso aliado en la Venezuela de Chávez. Y trabajan
incansablemente en la extensión y consolidación de vastas redes políticas,
económicas y culturales. En enero del año pasado, en la ciudad de Porto Alegre,
en el sur de Brasil, tuvo lugar el llamado Foro Social Mundial, donde participaron
delegados de 122 países, incluyendo a todos los terroristas islámicos. Tras la
sesión de apertura, los participantes hicieron una alegre manifestación por el
centro de la ciudad agitando banderas con la hoz y el martillo y enarbolando
retratos de Lenin.
Durante la reunión de Porto Alegre se efectuó el 1er. Foro Parlamentario Mundial,
con la asistencia de 400 legisladores izquierdistas de casi 30 países. Allí
anunciaron la formación de una “red internacional” para garantizar que las
propuestas emanadas del FSM tuvieran “una verdadera traducción legislativa”.
Legislación cuyo objetivo nunca es estimular la creación de riqueza, sino
obstaculizarla. Se distribuyen beneficios entre los trabajadores que elevan los
costos de la empresa privada, disminuyen su capacidad de contratación y
aumentan el desempleo. El resultado es el estancamiento económico. El
fundamento ideológico de estos disparates es la teoría marxista de la lucha de
clases, la tesis de que los intereses de los empleadores y los empleados son
contradictorios y que ayudar a los empresarios, a los “ricos”, es inmoral. Esto no
es teórico. Es lo que también dicen los dirigentes demócratas del Congreso de
Estados Unidos. Pocos reconocen que éstas son ideas marxistas e
históricamente fracasadas porque se han incorporado a la cultura popular. Y
porque muchos intelectuales las reproducen constantemente, hipnotizados por el
señuelo marxista del “imperialismo” y “el capitalismo salvaje”.
Estados Unidos está atravesando una recesión económica y sus efectos se
están sintiendo en todo el mundo. Por consiguiente, el centro del foro de La
Habana va a estar en la crítica de la economía y, específicamente, en combatir el
Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), elemento fundamental para que
América Latina salga de la pobreza y el subdesarrollo. Estas reuniones son
variantes de una internacional anticapitalista que tiene complejas redes de apoyo
en el mundo entero. Sus objetivos no han cambiado: son la destrucción del
sistema capitalista, con su sociedad de libre mercado y su democracia política.
En ese objetivo coinciden marxistas occidentales y fundamentalistas islámicos.
En Occidente, sin embargo, ya no se habla de nacionalización de empresas y
planificación estatal. Ahora se lucha por el fraccionamiento del estado nacional,
bajo el pretexto de lucha por los derechos de los indígenas y de otros grupos
minoritarios. O por el feminismo y el ecologismo radicales. Es curioso cómo
muchos intelectuales, influidos por la academia norteamericana, no se dan
cuenta de que éstas son las nuevas causas de los tontos útiles. O, al menos, de
que son ideas que pudieran tener una discutible validez en los países
desarrollados, pero que resultan un lastre mortal para los que todavía están
luchando por el desarrollo.
La guerra mundial contra el terrorismo ha puesto en remojo las barbas de Castro
y de sus amigos. Así que probablemente decidan recordar que los comunistas
nunca fueron simpatizantes del terrorismo. El mismo Lenin lo criticó calificándolo
de ”blanquismo”, por Augusto Blanqui, un revolucionario francés del siglo XIX.
Olvidarán decir que la objeción es esencialmente pragmática: el terrorismo
provoca el repudio de las masas y estimula la represión contra los
revolucionarios. Una vez en el poder, el mismo Lenin recurrió a un terror
implacable y nunca se molestó en ocultarlo (el libro a leer es The Unknown Lenin
de Richard Pipes). El repudio del estado de derecho, alegando que se encuentra
al servicio de intereses malignos, y de la moral, a nombre del relativismo
histórico, constituyen la justificación intelectual del terrorismo. Son también las
ideas de Fidel Castro y del Foro de Sao Paulo, esa moderna internacional del
terror cuyos días pudieran estar contados.
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