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ALERTA, VIENE EL HAMBRE
Laritza Diversent Cámbara
La Habana
Cubanet
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José F. Sánchez
Jefe de Buró
Cuba
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Enero 19, 2008
- El gobierno,
antes de aplicar una medida que afecta directamente a la población
echa a rodar una bola. De boca en boca hace correr un comentario
para conocer la reacción de la gente. Luego decide si se
aplica o no, y con ello salva responsabilidades.
El gobierno
no se vale de medios de comunicación ni de notas oficiales.
Recurre a los chismes de pasillo para no preguntar directamente
al pueblo lo que piensa.
Esta vez el
asunto fue diferente. Los reportajes periodísticos han tratado
de frenar la avalancha. Los terremotos ocurridos en China coincidieron
con la escasez del producto básico de la alimentación
de la población, muy relacionado con la agricultura asiática:
el arroz.
El precio del
cereal ascendió vertiginosamente en menos de un mes. La libra
aumentó de 3.50 a 10 pesos. El gobierno está preocupado.
Insiste en que mantendrá la cuota subsidiada del producto.
Su pronta respuesta nos anuncia que temen una explosión social
de mayor envergadura que la del 94. Saben que una población
cansada de tanta escasez, represión y miedo es capaz de cualquier
cosa.
Según
el VI pleno del Partido Comunista, la producción de alimentos
es una cuestión de seguridad nacional. La reforma en el sector
agrícola es una de las prioridades del gobierno.
El llamado salto
para producir más comida es un salto al vacío, o un
triple salto mortal dice un amigo. El marabú que ha
crecido durante 50 años no desaparece en 50 días.
Partido y gobierno
se empecinan en incrementar la producción agropecuaria con
disciplina y mano dura. Con tal de no perder los privilegios y el
poder son capaces de matar de hambre al pueblo.
Por otra parte,
el contexto mundial es diferente al de principios de la década
de los 90, cuando nos hundimos en la depresión económica
de la que aun no hemos salido. Entonces se trataba de un problema
de Cuba. Hoy, la crisis alimentaria recorre el planeta.
El gobierno
tiene dos caminos: aceptar las exigencias nacionales e internacionales
para hacer transformaciones democráticas. O sumir en hambre
a la población. Las recientes políticas aplicadas
indican que escogió la segunda opción. Pobre de nosotros
si no encontramos una vía que lo obligue a cambiar el rumbo.
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