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GOLES Y ESTAMPIDAS
Jorge Olivera Castillo
Sindical Press
La
Habana
Cubanet
Infosearch:
José F. Sánchez
Analista
Jefe de Buró
Cuba
Dept de Investigaciones
La Nueva Cuba
Marzo 19, 2008
- ¿Qué
falta para que el régimen de La Habana acabe de admitir su
derrota ideológica? ¿Cómo explicar, con un
mínimo de coherencia, la estampida de parte del equipo de
fútbol, todos menores de 23 años, mientras disputaba
un torneo pre-olímpico en la Estados Unidos, si aseguran
que todos eran jóvenes apegados a los fundamentos de la revolución
socialista, y de hecho inmunes a las tentaciones del capitalismo?
Hay una realidad.
Los siete jugadores que decidieron no regresar a su país,
hace pocos años dejaron atrás el período de
la adolescencia. La deserción es reflejo de una crisis nacional
que deriva en una falta de credibilidad del sistema, y subraya las
fabulaciones en torno a una armonía entre los anhelos de
la juventud y las normativas políticas del gobierno.
Una lectura
desprejuiciada del suceso conduce a un escenario que las autoridades
persisten en desconocer o tratarlo como un asunto aislado e insignificante.
El adoctrinamiento
ya no arroja dividendos. Los jóvenes quieren escuchar otros
mensajes que salgan del círculo retórico del oficialismo.
La patriotería, el uso indiscriminado de la doble moral como
tabla de salvación para soportar el oleaje de las circunstancias,
son cargas imposibles de soportar, por su peso y por los casi 50
años que llevan sobre el destino de millones de personas.
La inmensa mayoría
de los jóvenes reconocen que el paraíso que le prometen
tiene las hojas marchitas y los frutos podridos. Cuba es la antípoda
de sus deseos, el país donde se consumen sus esperanzas con
el crepitar de los discursos que llaman a renovar los sacrificios
para conservar la caricatura de una revolución.
Pudieron estudiar
sin pagar un centavo, jugar fútbol sin más desembolsos
que el talento deportivo y algunas muestras de confiabilidad política.
Se les sirvió la idea de que no había mejores intenciones
de gobierno alguno sobre la faz de la tierra. Sin embargo, la vida
le demostró otras facetas ajenas a esos cantos de sirena.
Descubrieron
en medio de sus modestas experiencias la mentira oficial, las orejas
peludas de la manipulación, el círculo vicioso de
una existencia bajo el patrocinio de la miseria material, la conculcación
de derechos inalienables y el vuelo rasante de una represión
sin alborotos, pero eficaz en grado sumo.
Huyeron con
la mirada fija en el horizonte. Ese ámbito borrado de sus
perspectivas mientras eran unos jugadores sin poder decidir libremente
qué hacer con sus vidas. Pensaron en una captura que mataría
sus sueños, en el regreso a Cuba custodiados por la policía
y directo a esas estaciones en que el olvido es una noche interminable.
Hoy reprograman su futuro con mapa y brújula nueva. Vendrán
los desafíos de la adaptación, la nostalgia por los
familiares que quedan en la isla y otros percances de ese salto
por la borda de un socialismo a merced de los vaivenes de un naufragio.
En las fotos
que he logrado ver exponen los rasgos de una felicidad que quizás
nunca habían experimentado. Lo mismo noto en la cara de Gamboa,
Barthelemí y Solís, tres púgiles que les antecedieron
en eso que la jerga oficial llama deserción. ¿Cuál
es el misterio de la libertad?
Ahora reforzarán
la vigilancia en las competiciones a celebrarse fuera de Cuba, pues
el adoctrinamiento apenas roza la atención de los deportistas.
Es sabido que el coro popular que entona loas en derredor de las
directrices gubernamentales nada tiene en común con la realidad.
Se ha querido
uniformar el criterio, crear una sensación de apoyo espontáneo
en relación a los soportes políticos de la élite
de poder. Poco a poco se develan las tempestades de los vientos
sembrados durante el largo mandato del partido comunista.
Habrá más desertores, más jóvenes hastiados
de promesas y artificios que envenenan su paciencia.
Esta vez la
goleada fue magistral. Siete futbolistas ganaron en el difícil
juego contra una dictadura.
Son hombres
libres en busca de sus aspiraciones personales. Tal vez no logren
materializar todos sus anhelos, pero por fin podrán decidir
sin tener la obligación de cuidarse o depender de delatores,
burócratas y policías. Solo me resta desearle dos
cosas: ¡Felicidades y buena suerte!
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