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ORDENADORES, SI;
INTERNET ¿TAMBIÉN?

Por Iria González-Rodiles *
Colaboración
Berna
Suiza
La Nueva Cuba
Mayo 18, 2008
Ninguno, de los 553 millones de usuarios de Internet en el mundo,
es cubano. Sí, lo reitero y reafirmo: el acceso absolutamente
libre a la red de redes no está al alcance de ninguno de
los once millones de cubanos que residen en la Isla (1). Porque
los pobladores de Cuba son cautivos hasta en la información.
En la Isla nadie, ni nada, es libre. Tampoco el acceso a Internet,
aún cuando exista la dócil sumisión del ciudadano
al sistema totalitario impuesto.
Incluso, la élite de elegidos y debidamente autorizados
por el régimen dados sus estrechos vínculos
con el gobierno se encuentran bajo completo control, con bloqueos
y vigilancia. Y con la perenne amenaza de cancelación en
dependencia de lo que escriban o reciban hasta en los mails personales.
No se escapan, por supuesto, los centros de Internet en los cafés,
hoteles y otros sitios: el Servidor cubano concede o no
el acceso y lo chequea. Si por esa vía sale algún
mensaje que intenta volar como Juan Salvador Gaviota (2),
es porque el control gubernamental lo permite según le convenga...
y hasta un día.
O sea, lo utiliza como propaganda a ciertos límites
tolerables, permisibles, por parte del régimen... o como
contrapropaganda a las verdades que se publican en el mundo democrático
sobre la ausente libertad de expresión en la Isla.
Desde luego, después viene la respuesta externa no
siempre existosa o acertada del lado opuesto. Es como un juego
de inteligencias, en su acepción más benigna. Y tampoco
siempre es posible distinguir entre víctimas y cómplices.
Hasta otro día.
El blof (3) del régimen
Algunos reportes provenientes de la Isla, por parte de la TVE y
de la AFP, dan una versión un tanto edulcorada, entusiástica
y efusiva del asunto. Dice la AFP:
El acceso a las nuevas tecnologías desencadenó
el proceso. Las memorias flash circulan de mano en mano, en el mercado
negro se consiguen desde computadores hasta HDD Media Player, y
por la izquierda (ilegalmente) por 18 dólares
al mes se tiene servicio de correo electrónico. Todo un reto
y un contrapunteo con los medios oficiales que, según los
blogger por cuenta propia, se expande en Cuba como un
virus informático.
No dudo de la eficacia del mercado negro en la Isla: como cruel
paradoja, sé que el invento (4) nos ha
sostenido a los cubanos ... y al gobierno. Tampoco dudo que, de
forma temporal, sea posible burlar la censura y el control policiaco
establecido para el ciberespacio y para todo en Cuba,
si se cuenta con esa misma picardía que nos posibilita, nos
ha posibilitado siempre, la sobrevivencia durante casi medio siglo.
Pero la Policía Política no se chupa el dedo
(5) y, de ningún modo, pasaría por alto los
asuntos político-ideológicos que conciernen
a las reglas del establishment, porque, en ese terreno, la complicidad
o la negligencia oficiales constituyen actos de suma gravedad y
como tales se pagan. Sería un equivalente a traición
a la patria (donde la patria, por supuesto, se
sustituye por el Partido, el Estado, el régimen).
Por demás, las fuerzas represivas no necesitan piratas o
hackers o scripts nada para liquidar todo intento por
romper el bloqueo informativo o cualquier intercambio de información.
Pueden proceder de forma impune y dentro de la ilegal legalidad
socialista, como lo han hecho siempre: con medios técnicos
indirectos o con métodos directos, como las represalias o
la coacción al ciudadano, personalmente.
Basta recordar a los desmemoriados que, existen muchos Juan
Salvador Gaviota, ciudadanos que por escribir no por
conspirar están cumpliendo monumentales años
de prisión en la Isla desde una fecha tan cercana como la
Primavera Negra de Cuba del 2003. Otros, tuvimos que partir hacia
el exilio. De quienes olviden esto, se puede esperar cualquier otra
cosa.
La desmemoria orweliana
Pero hay mucho más en materia de la desmemoria histórica
respecto al mundo de la información y las comunicaciones
hechos recientes, también, tales como el retiro
y prohibición oficial de las antenas parabólicas;
el exterminio de todo tipo de literatura libros, periódicos,
revistas considerados como libelos contrarrevolucionarios;
la interferencia de Radio y Televisión Martí; la extracción
de los dispositivos en los radios y televisores que
posibilitaban la conexión internacional; la instalación
de teléfonos fijos sólo para determinadas personas
con méritos revolucionarios (en moneda nacional);
o incluso, que cualquier papel mimeografiado pueda constituir un
delito de propaganda enemiga.
Hasta ahora,
hasta el preciso momento en que redacto este artículo, es
así. Todo el monopolio de la información y sus medios
se encuentra en manos del régimen.También Internet.
Nada, ni nadie, se salva de la censura, la vigilancia y la represión.
No en balde al frente de la Informática en la Isla se designó
a Ramiro Valdés, una de las figuras considerada entre las
más duras del staff represivo. Tanto, que aún
cuando Fidel Castro en un vídeo exclusivo para militantes
del Partido lo consideró un obstáculo
para la Revolución, no corrió la triste suerte
de otros generales (como Ochoa o La Guardia, en su mal momento):
Ramiro sólo fue destituido como Ministro del Interior.
Pienso que las conexiones o la navegación no autorizadas
o por supuesta cuenta propia requieren ciertos conocimientos
técnicos en informática y, quienes no los posean,
necesitan una buena cantidad de dólares para costear el soborno
por el servicio que, además, resulta impagable para la inmensa
mayoría de los cubanos:
(18 dólares en Cuba es el sueldo que al mes cobran algunos
profesionales: equivalen a unos 360 pesos moneda nacional
y el promedio de salario mensual apenas sobrepasa los 200 pesos).
(En cuanto los cibercafés, hoteles y otros centros con Internet,
si la hora cuesta de 7 a 10 dólares, un ciudadano común
tendría que emplear más de la mitad de su sueldo mensual
por un turno, y ¿con qué sobreviviría, entonces?).
Dadas las escaseces y el deterioro de la vida en Cuba, casi la totalidad
de los ciudadanos invierte la moneda fuerte que recibe por
cualquier vía en aliviar la deficitaria alimentación
que se padece en la Isla y en la reparación de la vivienda,
para que un desconchamiento o un derrumbe parcial o total, no les
provoque la muerte, aunque la vida que llevan esos ciudadanos comunes
equivale a morir un poco todos los días. Ésas son
las dos prioridades más sobresalientes de toda la desgracia.
¿Ordenadores sin Internet?
Pero, ¿y la venta de ordenadores? De cierta forma, ¿no
augura la posibilidad de que el gobierno autorice una conexión
de Internet a más ciudadanos? Probablemente, pero con iguales
restricciones y vigilancia; nunca, con absoluta libertad para la
navegación por el ciberespacio. Y, continuará siendo
pagable en dólares, es decir, para unos pocos. Así,
el régimen matará dos pájaros de un mismo
tiro (6): recauda divisas, pero limita el acceso.
¿Por qué? Porque la navegación, realmente libre,
en Internet significaría la pérdida del monopolio
informativo (o, más bien, desinformativo) en una parte de
la población, junto a quienes la circundan. Para quien no
conozca cómo somos los cubanos, diré que basta que
uno tenga, por ejemplo, un televisor en colores con vídeo,
para que otros, que no lo poseen, acudan a ver los filmes en la
casa del propietario. Y este, para evitarse problemas con el Comité
de cuadra (7), por tanta entrada y salida de gente en su
casa, extiende la conexión para que sus amigos o vecinos
puedan disfrutar los filmes en su propio hogar.
De tal modo, una conexión totalmente libre a Internet, como
ocurre en el mundo democrático, supone el acceso, por ejemplo,
no sólo a las grandes cadenas informativas internacionales
como la CNN, BBC, Sky News, Euro News, sino también
a las de todo el mundo, incluyendo Radio y TV Martí, que
gozan de gran interés popular... y de una pródiga
y costosa interferencia, por parte del régimen cubano, a
pesar del infortunio económico que sufre la Isla.
Por lo tanto, si el acceso sin restricciones a Internet experimentara
el levantamiento de prohibición, ya el monopolio
informativo gubernamental no tendría un efecto totalmente
abarcador, como hasta ahora. Esta confrontación al duro,
este intercambio tête-a-tête con el mundo democrático,
no lo resiste el régimen o teme no resistirlo.
Pero, entonces, ¿cuál es el propósito de la
venta de ordenadores o la propaganda de acceso mediante la
ilegalidad o la pericia a Internet? ¿Sugieren que es
posible o mejor expresarse libremente, sin la ayuda
externa del exilio cubano, sólo desde una perspectiva ciudadana?
¿O insinúan que se está produciendo una apertura
política?
Primero, los dólares, los euros, las monedas extranjeras,
no se producen en Cuba: se envían desde el exterior por los
más de dos millones de cubanos dispersos por el mundo. Y
la economía cubana está dolarizada, o bien, extranjerizada,
como quieran. Así que, de cualquier modo, se depende del
envío de dinero desde el exterior.
Segundo, la única y auténtica muestra del inicio de
una apertura política en Cuba no radica en el simple acceso
a Internet: radica en la amnistía para todos los presos de
conciencia y políticos, la legalización de las organizaciones
opositoras y el cese de todo acoso y encarcelamiento de quienes
disienten o disiden.
¿Me voy para Cuba?
Mi experiencia personal es otra, muy diferente a la suavizada por
informadores extranjeros y entusiastas ciudadanos. Aunque comprendo
que ellos también están amenazados por el golpe de
un Doble 8 y no, precisamente, sobre el tablero de dominó
(8). De ahí, tal vez, su edulcorada visión.
En Cuba, yo escribía como tantos otros colegas
mis impresiones y criterios personales sobre la realidad social,
económica y política de mi país, como ciudadana,
como Licenciada de Periodismo en la Universidad de La Habana. Claro
está, con la poca imparcialidad que propicia un sistema totalitario,
represivo. Lo intentaba, pero es muy difícil lograrlo cuando
te tienen el pie puesto encima y te sientes acorralada.
Cierto es que todo cuanto uno hace puede ser manipulado por otros.
En el caso cubano, el primer manipulador es el régimen: acusaba
a los periodistas independientes de ser mercenarios a sueldo de
Estados Unidos, de la CIA. Aunque ya he escrito sobre el tema del
dinero, debo agregar que es una verdadera lástima que ni
mis colegas, ni yo, tuvimos suficientes dólares a mano para
comprar en el mercado negro, memorias flash, computadoras, HDD Media
Player y servicio de correo electrónico.
Dependíamos de las pocas donaciones que de estos equipos
hiciera el exilio cubano. Y, desgraciadamente, todo se confiscaba
en los constantes registros efectuados por la Policía Política.
Así que no pocos nos vimos obligados a correr otros riesgos
mayores.
Particularmente, sólo tenía una máquina de
escribir portátil Cónsul donada por el exilio,
que me facilitó el poeta y periodista Raúl Rivero,
ahora asilado en España. Algún día contaré
los avatares de la noche en que fui, junto a otra persona, a Peñalver
466 la antes tan visitada y telefoneada casa de Raúl
en Centro Habana para buscar la Cónsul.
No fue hasta que salí de Cuba que tuve libertad absoluta
para navegar por Internet y todos los recursos necesarios para expresarme,
intercambiar información o comunicarme: poseo una computadora
portátil y una PC, un teléfono móvil, otro
fijo, y Swisscom TV me garantiza 137 canales de todo el mundo, entre
éstos, las más importantes cadenas informativas internacionales.
Pero siempre digo que, para el ejercicio del periodismo independiente,
hubiese querido contar con todos estos medios y posibilidades en
Goicuría 68, el pequeño apartamento de la barriada
habanera de Santos Suárez, donde yo residía en Cuba.
Nunca pude. Ni siquiera, un teléfono.
A lo mejor, con tanto ajetreo y dimediretes sobre ordenadores, Internet
y bloggs, intentan dar la imagen de que ya el régimen permite
el derecho ciudadano a la plena libertad de expresión en
Cuba. Pero, si realmente es así, si es verdad, vuelo para
la Isla ipso facto, ahora mismo, para continuar escribiendo desde
allá, como antes.
Porque si me vi compulsada al exilio fue, precisamente, por la carencia
de ese elemental derecho humano para realizar mi labor periodística
y para expresarme como ciudadana, dentro de la sociedad civil que,
por cierto, son los disidentes y opositores quienes han intentado
durante años, intentan, restablecer en Cuba, aún en
medio de persecuciones, interrogatorios y encarcelamientos.
¡Ay, caramba! Olvidaba que para volver a pisar el suelo patrio,
el régimen tendrá que permitir, también, el
derecho a la plena libertad de movimiento. Todos los derechos humanos
se entralazan, muy señores míos. Cuánto deslumbramiento.
(1)
Internet no sirve en Cuba, El Paraíso Castrado.
Iria González-Rodiles.
(2) Juan Salvador Gaviota, (su vuelo era distinto). Richard Bach.
(3) Blof m. Com. Faramalla, acción de dar a entender una
cosa cuando la contraria es la verdadera. El habla popular cubana
de hoy. Argelio Santiesteban.
(4) Invento m. Cub. Designa a cualquier forma irregular de medro,
habitualmente al margen de la ley. (Ídem).
(5) Dedo (no chuparse o no mamarse el) fr. Cub. Proclama que no
lo hace quien asegura que no es tonto. (Ídem).
(6) Dos pájaros de un mismo tiro, acción simultánea.
(7) CDR, llamados Comités de Defensa de la Revolución,
organismos de base, existentes en cada cuadra y creados para vigilar
y reprimir a los ciudadanos.
(8) Ley 88, más conocida como Ley Mordaza o Titanic. Condena
hasta 20 años de cautiverio a quienes ejerzan el derecho
a la libertad de expresión.
*
Iria González-Rodiles, es periodista independiente. Fundadora de la
Agencia CubaPress. Escribe para la prensa alternativa desde 1995.
Sus artículos y crónicas han sido publicados en diferentes medios
tales como en las páginas WEB de la SIP (Sociedad Interamericana de
Prensa), CubaFreePress, Nueva Prensa Cubana, Cubaicei.org del Instituto
de Economistas Indepiendientes, RSF (Reporteros sin Fronteras) y en
revistas como la Hispano Cubana y Nueva Prensa Cubana.
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