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CUBA, ¿POR
QUE LOS CAMBIOS?
Por
Huber Matos Araluce *
Colaboración
San José
Costa Rica
La Nueva Cuba
Mayo 3, 2008
Antes de julio
del 2006, mes en que Fidel Castro fue internado con urgencia por
supuestos problemas gastrointestinales, la cúpula del poder
en Cuba ya estaba al tanto que Castro había entrado en una
etapa irrecuperable. El diagnóstico médico previo
era preocupante, el Comandante en Jefe estaba perdiendo su capacidad
mental, había sufrido más de una isquemia y las consecuencias
de la próxima podían ser devastadoras. Tenían
que prepararse para lo peor. ¿Cómo reaccionaría
la población el día en que muriera? ¿Como podría
manejarse una sucesión con éxito? El panorama no era
alentador.
El romance mediático
mundial con el castrismo estaba concluyendo. Los "logros"
de la Revolución se habían ido evaporando y los medios
de comunicación internacional ya no los disimulaban como
antes. La producción de azúcar había sido reducida
a una mínima fracción de los buenos tiempos y los
demás sectores agrícolas estaban en iguales o peores
condiciones. Tampoco podían esconderse los problemas en el
campo educativo y el deterioro de la salud pública. La ausencia
de Fidel Castro crearía expectativas, presiones y curiosidad
sobre las verdaderas condiciones del pueblo cubano.
La pérdida
de la subvención venezolana daría inicio a una crisis
en Cuba muy difícil de controlar. Chávez podía
perder el poder, en consecuencia el flujo de petróleo desde
Venezuela no está garantizado. Ese petróleo evita
la paralización del transporte y la generación de
electricidad en Cuba, además una parte se vende para pagar
las importaciones del 64% de los alimentos que representan la canasta
básica de la población. El fracaso de Chávez
en el referendo de diciembre del 2007 fue una señal adicional
de peligro.
Aunque Washington
había repetido públicamente una y otra vez que no
aceptaría como sucesor a Raúl Castro, la administración
del Presidente Bush haría lo posible por no estimular una
crisis en Cuba. Su gobierno estaba demasiado preocupado por una
eventual inmigración ilegal masiva desde la isla. Además,
entre Iraq, Afganistán, Al Qaeda, Irán y la impopularidad
mundial, la Casa Blanca estaba bien enredada. Un triunfo del Partido
Demócrata en Noviembre del 2008 era esperanzador para la
cúpula castrista.
En Europa el
gobierno español seguiría defendiendo los intereses
de sus empresarios en Cuba. Estos controlan una buena parte de la
industria turística de la isla. Por esta razón y para
explotar el sentimiento anti norteamericano entre los españoles,
el gobierno socialista continuará insistiendo en el seno
de la Unión Europea en que hacia Cuba, una política
de acercamiento es más efectiva que una de enfrentamiento
y presión. El grupo que heredaba la sucesión podía
convencer a España de que harían una apertura en Cuba.
Mientras ésta no pusiera en peligro su casi monopolio del
turismo en la isla, los españoles continuarían colaborando.
La situación
interna era bastante más complicada. Aun manteniéndose
el suministro de petróleo venezolano la economía de
la isla seguiría deteriorándose, o en el mejor de
los casos su crecimiento sería inferior a las necesidades
de la población. La nueva generación de cubanos está
frustrada y el sueño de los jóvenes es huir de Cuba
hacia los Estados Unidos. No puede descartarse que en determinadas
circunstancias ese descontento se convierta en exigencias y eventualmente
en retos al gobierno.
La mayoría
de las personas vinculadas directamente al gobierno o sus a organizaciones,
incluyendo los militares, están descontentos. La sucesión
estaba convencida que no podía contar con el apoyo incondicional
de estos cubanos. Aunque el nivel de vida de este grupo es superior
a la de la mayoría de la población, ellos saben que
es inferior al que podrían disfrutar si el sistema permitiese
ciertas libertades. La ausencia del Fidel Castro haría cada
vez más difícil justificar los errores y excesos de
sus decisiones.
Una y otra vez
la disidencia ha sobrevivido la represión. Aunque estos grupos
de oposición han sido aislados de la población por
el acoso permanente y la falta de acceso a los medios de comunicación,
los mismos siguen siendo objeto de interés en el exterior.
La desaparición de Fidel les daría energía
y protagonismo. No podía descartarse que a pesar de los esfuerzos
por mantenerlos divididos, estos se pudieran unir y convertirse
en una opción política para la población.
Ante todas estas
circunstancias, el grupo sucesor decretó que la salud de
Fidel Castro era un secreto de Estado. Aunque lo tienen aislado,
se insiste en su recuperación y no han dejado de aparecer
artículos supuestamente escritos por él. Se apoyó
a Raúl Castro como "el cancerbero de la Revolución"*
y se comenzaron a crear expectativas de cambios con el fin de ganar
tiempo y espacio dentro y fuera de Cuba.
*Declaración
del comandante Ramiro Valdés, el 30 de noviembre de 2006
en Santiago de Cuba.
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Huber
Matos Araluce,
exiliado cubano residente en Costa Rica.
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