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CUBA: LA OBLIGACION DE HABLAR
Por
Frank
Calzón *
Director ejecutivo Centro para Cuba Libre El
Nuevo Herald Florida E.U. Distribuye:
Paul Echániz New York E.U.
La Nueva Cuba
Mayo 2, 2006
En
el libro ''Alegato por la democracia'' de Natan Sharansky, el ex ministro israelí
y ex disidente soviético dice que son necesarias tres condiciones para
que un pueblo pueda liberarse de una dictadura totalitaria: El pueblo
tiene que querer ser libre, lo suficiente para correr riesgos en la búsqueda
de su libertad. Además, tiene que recibir el apoyo de personas
que viven en países democráticos que están dispuestos a solidarizarse
con ellos. Finalmente, las democracias deben condicionar su política
extranjera para promover que el país en cuestión haga reformas a
sus políticas. Dos acontecimientos en días recientes, uno en
Alemania y otro en Cuba, le dan a Sharansky la razón. La semana pasada
en un episodio en La Habana que recuerda la lucha por los derechos civiles del
Dr. Martin Luther King, diez cubanas, madres, esposas e hijas de presos políticos,
todas miembros de las Damas de Blanco, se reunieron en un parque con el propósito
de entregar una petición al ministro del Interior urgiendo la excarcelación
de sus seres queridos. Un grupo de matones organizado por el gobierno las atacó
y, a continuación, cerca de un centenar de policías y agentes de
seguridad aparecieron para insultarlas y sacarlas del lugar. El incidente ha impactado
a muchos europeos porque durante el 2005 el Parlamento Europeo otorgó a
esa organización el premio Sajarov por los derechos humanos. Al mismo
tiempo en Bonn, la ex capital de la Alemania federal, un grupo de alemanes activistas
por los derechos humanos protestaron ante el consulado cubano en esa ciudad. La
Sociedad Internacional por los Derechos Humanos auspició la manifestación,
que tuvo lugar la víspera de su congreso anual, dedicado este año
a la situación de los derechos humanos en Cuba, Tíbet y otras dictaduras. Así
es que dos de las condiciones de lo que exige Sharansky existen ya. Pero falta
ver si las naciones europeas que se reunirán en Bruselas en julio para
revisar su posición común sobre Cuba tienen la voluntad de condicionar
sus relaciones políticas, económicas y culturales a cambios sustanciales
en Cuba. Como la valiente periodista italiana Oriana Fallaci escribió
un día: ''hay veces en la vida en que mantenerse en silencio es un error
y hablar se convierte en una obligación''. Cada día más hombres
y mujeres de todo el mundo están dispuestos a apoyar las aspiraciones democráticas
de los pueblos en Cuba, Tíbet y Burma y en otras dictaduras. Y a denunciar
a los verdugos y a los asesinos. Quizás sea porque no ha pasado tiempo
suficiente para que los alemanes hayan olvidado los abusos y las arbitrariedades
de la Stasi, la policía política de Alemania comunista, o de las
víctimas de los guardias fronterizos, los cuales, como sucede hoy en Cuba,
tiraban a matar. Lo mismo puede decirse de los polacos y de Polonia, donde después
de decretar la ley marcial el general Jaruzelsky abrió las puertas a la
negociación con los líderes obreros de Solidaridad y eventualmente
contribuyó a que llegara la democracia y el estado de derecho a su país.
La decisión del general polaco fue buena para los polacos y para él
y su familia. A diferencia de otros dictadores, Jaruzelsky continúa viviendo
en su país. La cuestión aquí es que en los pueblos de Europa
Central recuerdan el comunismo y apoyan a los que luchan por la democracia en
Cuba. Las Damas de Blanco y los cautivos políticos en Cuba constantemente
nos recuerdan que la lucha por los derechos humanos es universal. Es muy probable
que la presencia de la prensa internacional en el parque de La Habana contribuyera
a que no hubiera males mayores. Quizás algún día, como los
polacos, los húngaros y los españoles, los que defienden los derechos
humanos en Cuba obtendrán la libertad y entonces podrán ofrecerles
su apoyo a los que luchan por los derechos humanos en otros países. Siendo
testigos de la represión de Raúl Castro en contra de las Damas de
Blanco, sería trágico que los europeos se mantuviesen en silencio.
El régimen comunista militar en La Habana no será eterno. El pueblo
cubano recordará a los que, como el presidente español José
Luis Rodríguez Zapatero, han apoyado a la dinastía castrista; pero
también a los otros, a los que como los manifestantes de Bonn defienden
los principios europeos de libertad, y le ofrecen su apoyo en este momento crucial
a los cubanos. Dtor. ejec. Centro para Cuba Libre.
Visitó recientemente
Bonn y otras ciudades europeas.
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Frank
Calzón, exiliado, especialista en asuntos cubanos y Director ejecutivo
del Centro para Cuba Libre, en Washington.
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