BERNARDO MARQUES RAVELO
ENTREGA MAS
QUE SU CUERPO







Félix Luis Viera *
México, DF
México
Colaboración
La Nueva Cuba
Octubre 11, 2008


 

La flamante editorial miamense Iduna va por buen camino: hasta hoy nos ha entregado nueve libros, todos de buenos autores cubanos, todos de cubanos en el destierro y, por lo tanto, carentes de eso que me he dado en llamar “patria editorial”. Siempre será arriesgado apostar por la permanencia, el ascenso, de algo que surge en medio de la dura brega; a contramarcha diríamos. Mas, si nos atenemos a la pasión que han puesto los directivos de Iduna y el grupo de nobles intelectuales cubanos residentes en Miami que colaboran con la pujante editorial, podríamos poner nuestra apuesta en la casilla del Sí. Algo le faltará por afinar, algo por afianzar, pero, aun con el viento a medias, avanza bien la nave de Iduna, que ojalá recibiera el empuje de vientos mayores: esos que por ahí se hallan y quizás estarían dispuestos a poner más agua bajo la nave. Ya saben de qué hablo.

   Por lo pronto, nos queda enaltecer el empeño franco, el avance a remo partido, acaso orar –cada cual desde su perspectiva– para que la apuesta se duplique, para que el barco navegue en alta mar.

   Un autor no debe agradecer a una editorial que ésta le publique un libro; porque se humilla, el autor, y se ensoberbece, la editorial. Aquí el  asunto va mano a mano; por el bien de los dos, para usar una expresión manida. Creo que en el caso de Iduna y sus autores, cabe de manera recíproca aquella frase martiana: “Honrar, honra”.

   Así, se honra Iduna cuando lanza su más reciente libro: “He aquí el cuerpo”, del poeta, narrador y periodista cubano Bernardo Marqués Ravelo; se honra Marqués Ravelo cuando da a la luz su libro por medio de una editorial empecinada en que la poesía  –aun por el bien de los que la desprecian–, siga viva; albergada en pocos corazones, está bien, pero de estos pocos, sin duda, se expande día a día hacia quienes no sospechan que un verso salva, y tantas veces, sin saberlo, son salvados por él, o más bien por su portador.

    “He aquí el cuerpo” es un muy buen poemario, y si me apuran un poco digo que excelente. En un haz cerrado, un puño cerrado, unas venas abiertas, un corazón desollado, un alma que se ofrece tal y como es. Este libro enseña la cicatriz, mas no la  herida.

   Cuando empecé la lectura me sucedió algo infrecuente: no pude detenerme, como ocurre cuando una trama narrativa nos atrapa. Marqués Ravelo nos va dando más y más en cada poema, va levantando la parada en la medida que nos desgarra, y aun cuando quisiera, como en algunos poemas, hacerse el que ríe y hacernos reír, la sonrisa que arranca en nosotros tiene la misma hiel que ella destila.

    En éste uno de esos poemarios en el cual eso que llaman sujeto lírico, el poeta, el hombre, se funden de manera tal que el Yo poético se halla más bien en la entraña humana. Este libro es una confesión en voz alta y a la vez asordinada; un testimonio de la más férrea soledad; un corte de venas; un dedo apuntando hacia donde duele y a la par donde duele a quien lo apunta.

   “He aquí el cuerpo”, que según la fecha al pie, es contentivo de poemas escritos entre 1992 (La Habana) y 2007 (Miami), podría dividirse en dos propuestas fundamentales: una, cuando el poeta asume la vida de otros, la obra de otros, cuando se desdobla en las “formas” de otro; dos, cuando se bate de tú a tú con el “objeto” poético (que puede ser él mismo). En mi humilde opinión, en la segunda variante obtiene mucha más ganancia: “Adiós y que te vaya bien”, “Como una oración”, “Cursineto”, “Desde la plena madrugada” (para llorar leyendo) o “Gracias, muchacha”, entre otros textos espléndidos, podrían dar fe de lo dicho.

   En cuanto a los poemas en prosa que aparecen en el libro, nótese que aun vale la pena leerlos por el valor per se de la metáfora, algo a mi juicio verdaderamente encomiable. Como encomiable es que tanto los poemas extensos como los breves mantengan un tono alto, lo que creo indica que el poeta trabajó con constancia cada pieza.

   Cuando Marqués incursiona en el pasado (el pasado antes del exilio), lo hace de manera más bien tangencial, alusiva, elusiva casi. No hay un grito de guerra contra sí, por su candor de entonces, o contra quienes antaño le dieron “duro con un palo y duro también con una soga”, crueldad de base. Hay mesura tanto en el verso como en la idea expuesta. La reflexión sustituye al resquemor, el estoicismo a la queja, “aunque los parques [y tantas otras cosas] hayan cambiado de lugar”.

   Si en este libro se notan reminiscencias del llamado coloquialismo, valdría aclarar que una de sus principales virtudes es que aquél se mezcla –creo que más por voluntad de alma que de estilo–, de eficaz manera, con raptos de un lirismo realmente sugestivo y, así, nos llega en ocasiones una especie de plomazo embalado en pétalos.
   Treinta y dos poemas, 68 páginas y, más que el cuerpo de Marqués Ravelo, mucha alma, mucho rocío, y aun esperanzas. Difícil resulta escribir sobre la obra de un amigo: sospechoso resulta quien lo hace y más cuando lo dicho acerca de la obra, como en esta ocasión, es casi todo positivo. Mas, convoco a los “sospechadores” a que adquieran el libro, y a ver.

   No resulta muy habitual que en un poemario (la narrativa es otra cosa) coincidan las enjundias del autor con lo que ha dejado escrito. Ejemplos sobran de buenos poetas que carecen de una u otra condición humana fundamental. Quien haya tratado a Bernardo Marqués Ravelo debe coincidir en que es un hombre noble, transparente, lejano de las envidias (el plural es muy a propósito), de los celos profesionales, de la arrogancia, de esas prisas por sobresalir a toda costa… ¿me atreveré a agregar: “un ser candoroso”? Por esto, porque en el poemario que nos ocupa está Él, tal como es, y Él es como es, pues simplemente –manejo de los oficios aparte– los versos nos estremecen, nos hacen, por momentos, bajar la cabeza ante lo prístino de un alma que siempre sonríe, aun con dolor.

    En 1991, Marqués Ravelo firmó la llamada Carta de los Diez, que solicitaba al Gobierno cubano ciertas mejoras para la población a la vez que exponía  algunos puntos de vista que, en opinión de los firmantes, debían ser atendidos para encauzar los años por venir. En 1994 el poeta se exilió en Miami –un destierro que, azar de por medio, le ha resultado particularmente inclemente– y 14 años después nos entrega su tercer libro de poesía. Un hermoso libro de poesía. Debemos quedarle agradecidos.


* Félix Luis Viera Poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la UNEAC*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba) y Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986. ) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003) y la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005). El Premio de la Crítica es el mayor reconocimiento que recibe un libro en Cuba. Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Varias de sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de diversas antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió diversas distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. Su más reciente novela, Un ciervo herido -que aborda el tema de las Umap, eufemísticamente llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción y, en realidad, campos de trabajos forzados establecidos en Cuba en la década de 1960-, ha recibido un notable reconocimiento de la crítica y de los lectores y ha circulado en España, Puerto Rico, México y otros países; durante cinco meses estuvo entre los libros más vendidos en Miami y recientemente ha sido traducida al italiano por la editorial L´Ancora del Mediterráneo. En Italia ha sido objeto de un notable reconocimiento de la crítica especializada, así como de los lectores. Recientemente ha concluido su novela El corazón del rey, que refleja los primeros pasos de la instauración del socialismo en Cuba, en la década del 60, y actualmente trabaja en el poemario La patria es una naranja, inspirado en la añoranza de su tierra natal y en sus vivencias en México, donde radica desde 1995. En México, ha colaborado en diversos periódicos con artículos de crítica literaria y de contenido cultural en general, ha impartido talleres literarios y conferencias, y asimismo se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones periódicas.

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