HUGO CHAVEZ
NO SE RINDE







Félix Luis Viera *
México, DF
México
Colaboración
La Nueva Cuba
Julio 20, 2008



Hugo Chávez ya dio la orden a esa cosa, que si nos atenemos a la realidad venezolana es más bien una entelequia: el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), para que éste inicie los trabajos con el fin de llevar a cabo otro referendo, a ver si entonces la mayoría del pueblo le dice que Sí, que ahora sí podrá gobernar Toda la Vida. Ha declarado el PSUV, por medio de su dirigente Freddy Bernal que "Si [los venezolanos] queremos paz, tranquilidad y desarrollo en el país, Hugo Chávez debe seguir siendo presidente".

Durante los diez años que Chávez lleva en el poder de lo menos que se puede hablar es "de paz, tranquilidad y desarrollo". Grosso modo: Caracas sigue siendo una de las ciudades más peligrosas del mundo, los asesinatos, el robo con fuerza, el crimen en general no decrecen; la inflación toca límites insospechados -aun con ese maná que representan los altos precios del petróleo-; la paz ha volado a otros sitios a causa de la polarización que el Aspirante a Vitalicio ha sembrado en el país desde que mal tomara las riendas del poder: no ha parado de ofender a quien quiera, tanto a sus compatriotas que se han negado a entrar en el redil, como a políticos, periodistas, politólogos, escritores, gobernantes de otros países que han osado expresarse, aunque fuere mínimamente, en contra de sus "ideas". El abecé de los dictadores: si me criticas, no eres mi crítico, eres mi enemigo.

Y cuando decimos ofender entiéndase el uso del lenguaje más soez quizás utilizado por un presidente a lo largo de la historia; el peor lenguaje de solar, dirían en Cuba (con el perdón de las personas que allá habitan en esos sitios y que utilizan este lenguaje con toda sinceridad, en la intimidad, sin un micrófono abierto), lo cual a veces da espanto y, para mal del Presidente, lo hace ver como alguien que no tiene ni la más remota idea de lo que es el protocolo, el oído del otro, la decencia.

Cuando en diciembre pasado perdió el primer referendo (porque el segundo ya viene) para tratar de entronizarse, pareciera que iba a aceptar la derrota, pero posteriormente su pasión totalitaria, más su escaso sentido de juicio, lo llevó a declarar en vivo y en directo que la victoria de quienes votaron por el No -es decir, en contra de sus aspiraciones de tener el derecho a ser reelegido infinitamente- era "una victoria de mierda". Terrible. Asimismo, ha calificado a algún presidente extranjero, en pleno público, de "pendejo". En estos casos yo me voy por el camino de quienes piensan que estas letrinadas no indican otra cosa que impotencia. Casi seguro que una impotencia proveniente de un estado mental atrofiado: Cuba tiene el petróleo [de Venezuela] asegurado para 200 años, afirmó en algún momento; si él se lo cree de verdad debe ir a un psiquiatra; si no, lo tomamos como una de las fanfarronadas a que nos tiene acostumbrados -bumerán para sí-, como esa otra de ordenar en pleno discurso que se movilizaran 10 batallones hacia la frontera con Colombia cuando se suscitó el diferendo entre este país y Ecuador, a causa de la incursión de tropas colombianas en suelo ecuatoriano para atacar a un grupo élite de las terroristas FARC. Movilización gratuita: nada tenía que ver Venezuela en este problema. Al vuelo, sirva agregar que sin pensarlo dos veces declaró que si el gobierno de Bolivia estuviera en peligro (se supone que frente a la oposición) sus fuerzas armadas intervendrían en el país andino, pues, agregó, en un caso así se olvidaría del principio de la no intervención en asuntos de otros países. ¿Quién lo entiende?

Hugo Chávez tiene tiempo para maquillarse, aflojar un poco la presión sobre ciertos sectores de la población venezolana, exhalar una imagen más "suave" hacia fuera, retractarse de su apoyo a las sanguinarias FARC (a las que antes defendiera con ahínco), aumentar un poco más las aportaciones que ha otorgado a los segmentos más desposeídos del país, y pintar de rosado (quién sabe si sepa hacerlo) algunos de sus discursos por venir. Todo con el objetivo de que, llegado el momento del segundo referendo, quede a favor de él al menos el 50.7% contra el 49.3%, cifras con las que perdió en el primero. Pero lo dudo. Si la contienda es limpia, el total a su favor bajará, puesto que el pueblo venezolano, desde antes, deberá estar cansado de diez años de verborrea en pro de una equidad que ni siquiera se vislumbra, de tanta épica baldía, derroche de recursos, amenazas de bravucón de barrio. Así, el belicoso presidente venezolano no alcanzaría su anhelo de poder postularse en las elecciones de 2012.

Pero el período 2012-2018 es muy poco, si bien ya entonces llevaría 14 años en el poder: el año pasado el Presidente expresó a sus seguidores que necesita gobernar hasta el 2027 y, así, contar con tiempo suficiente para establecer un modelo económico socialista en Venezuela. Complejo mesiánico, dictaminaría el psiquiatra que, lamentablemente, todo parece indicar que aún no se ha topado con el mandatario.

En 2027 el Presidente tendría 73 años y habría dedicado 29 a la "utilización" del poder; de modo que no sería descartable afirmar que desde ahora se está sometiendo a un régimen alimentario adecuado que, desde ya, comience a rebajarle los kilogramos que le van sobrando, amén de contar con un cerco médico esmerado y costoso, entre otras prevenciones. Porque de lo que sí parece estar seguro el mandatario es de que vivirá hasta los 73 años o más.

Desde que llegara a la presidencia, Hugo Chávez se ha empecinado en ir a contracorriente. De los pocos países insertos en lo que llaman el "socialismo real", casi todos vienen a toda máquina girando hacia la empresa privada, el régimen de oferta y demanda, la apertura relativa a la libertad de expresión, la aceptación de las minorías como factor compensador de la sociedad, y otros temas de corte parecido. Chávez corre por el carril contrario: la Unanimidad, la Verdad Absoluta, la represión a los que piensan distinto, la estatización; es decir, un raro intento de regresar al pasado estalinista que, curiosa y paradójicamente, él llama "socialismo del siglo XXI".

Quien quisiera el daño para el pueblo venezolano abogaría porque la quimera de Hugo Chávez se hiciese realidad. Entonces, en el tercer decenio del presente siglo en Venezuela no existiría ni el más mínimo asomo de la libertad de expresión: los medios de comunicación, todos, pertenecerían al Estado; el Ejército y la Policía responderían al Presidente, no a una constitución política; la educación estaría ideologizada, la totalidad de las escuelas serían estatales y habría que cumplir con algún mandamiento "bolivariano" que alejase a los hijos alumnos de sus padres; aun la más pequeña empresa sería propiedad del Estado; habría que tener un permiso del gobierno para salir del país; existiría un solo partido político, el del Presidente, y una asamblea legislativa que respondería al Presidente; quienes disintieran de los dictados presidenciales serían declarados apátridas, encarcelados u obligados a dejar su tierra; el país caería en la ruina material, moral y social que genera todo gobierno estalinista (inepto para retroalimentarse con algo tan provechoso como la réplica) y la mediocridad y el "partidismo" avasallarían a la inteligencia; el pánico de la persecución sería el pan nuestro de cada día y los seres humanos dejarían de serlo para convertirse en simples formularios con nombres y apellidos; entre otras tragedias.

Por supuesto, no será así. Si hay manos limpias, según todos los sondeos Chávez debe salir perdedor en su segundo intento por eternizarse en el poder. Y mucho menos será presidente hasta el 2027. Sólo porque la gran mayoría del pueblo venezolano cuenta con la lucidez suficiente. Porque ya nos sabemos muy bien cual es el truco del populismo. Porque hoy no es ayer, el mundo ha cambiado, y seguirá cambiando precisamente en el sentido de las manecillas del reloj.


* Félix Luis Viera Poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la UNEAC*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba) y Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986. ) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003) y la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005). El Premio de la Crítica es el mayor reconocimiento que recibe un libro en Cuba. Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Varias de sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de diversas antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió diversas distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. Su más reciente novela, Un ciervo herido -que aborda el tema de las Umap, eufemísticamente llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción y, en realidad, campos de trabajos forzados establecidos en Cuba en la década de 1960-, ha recibido un notable reconocimiento de la crítica y de los lectores y ha circulado en España, Puerto Rico, México y otros países; durante cinco meses estuvo entre los libros más vendidos en Miami y recientemente ha sido traducida al italiano por la editorial L´Ancora del Mediterráneo. En Italia ha sido objeto de un notable reconocimiento de la crítica especializada, así como de los lectores. Recientemente ha concluido su novela El corazón del rey, que refleja los primeros pasos de la instauración del socialismo en Cuba, en la década del 60, y actualmente trabaja en el poemario La patria es una naranja, inspirado en la añoranza de su tierra natal y en sus vivencias en México, donde radica desde 1995. En México, ha colaborado en diversos periódicos con artículos de crítica literaria y de contenido cultural en general, ha impartido talleres literarios y conferencias, y asimismo se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones periódicas.

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