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CARTA ABIERTA
A LOS OBISPOS CATÓLICOS DE CUBA
Y A SU REPRESENTANTE
EL CARDENAL ORTEGA
Dr. Eduardo
Vidal Franco
Exprisionero de conciencia cubano
Presidente de la Asociación
Cubanos por la Libertad
6 de
agosto del 2006
España
La Nueva Cuba
Agosto 7, 2006
Señor Jaime Ortega:
Espero que mi presentación refresque un poco sus recuerdos:
Soy Eduardo
Vidal Franco, uno de aquellos jóvenes que participó
en un reunión informal en la Catedral Santiaguera, a finales
de la década de los 80, donde usted promovía el ENEC
(Encuentro Nacional Eclesial Cubano), arropado por la euforia de
sus resultados. Usted llegó algo tarde a la cita en un coche
de lujo del que no se bajó hasta que chofer le abrió
la puerta.
Recuerdo que
en el debate, ante el reclamo de los jóvenes de espacios
de libertad, su respuesta- escurridiza-, fue salirse por la tangente
aludiendo al ENEC y su comparación con el Espirito Santo.
Desde entonces, los caminos seguidos por usted y la mayoría
del pueblo cubano han tomado diferentes direcciones; así
vemos que mientras miles de compatriotas viven entre rejas, penurias,
torturas, destierros y pérdidas importantes de sus seres
queridos en la lejanía impuesta, usted ha ido ganando una
posición cada vez más alta con las prebendas que se
destacan en un país como el nuestro: múltiples viajes
al extranjero ( a veces por motivos estrictamente personales); relaciones
directas con la cúpula del poder; la ausencia de hambre en
su mesa; su elección al Colegio Cardenalicio; muñidor
de la visita de Juan Pablo Segundo, e incluso, en su momento, llegando
a formar parte de las quinielas del sucesor de Pedro
Hoy, 6 de agosto
del 2006, una vez más, se convierte en desertor de la verdad
al aliarse con los cómplices de la autoridad gobernante pidiéndole
a sus fieles que recen por un asesino; por el verdugo que, durante
47 años, ha mutilado a los pobres de Cuba y en sus finales-
con toda la maldad que le caracteriza-, traspasa su totalitarismo
a Raúl, su hermano y clon dentro del Crimen-castrismo.
Hoy, una vez
más, usted le pide a las víctimas que renuncien a
sus derechos de reclamar justicia frente a los tiranos, al tratar
de trasmitirles el mensaje de que no tienen otras expectativas,
más que las de aceptar los designios de quienes los oprimen.
Hoy, una vez
más, usted intenta escamotearles a los cubanos católicos
el don de la Libertad, proclamando un falso sentido humanitario
que nunca ha sido capaz de hacer público frente a los que
han sufrido y sufren por causa de las vilezas y abusos de los que
ostentan el poder en la isla; por el contrario, usted, por una vía
o por otra, dentro de sus dominios ha tratado de silenciar a los
que desde sus humildes tribunas no quieren ocultar la triste realidad
que vive el pueblo.
Hoy, una vez
más, usted se erige defensor de la supuesta Paz Social que
enarbolan los dictadores con la fuerza de la represión, y
esto, señor Ortega, es dar cobertura legal a quienes le han
ofrecido banquetes mientras el menos protegido de sus compatriotas,
se debate en la soledad de una celda por alzar su voz por todos.
Aún quedan muchos cubanos sumidos en la extrema pobreza;
enfermos- fuera y dentro de las cárceles-, sin atención
médica elemental para que usted y parte de su plantilla cometan
el absurdo de disfrutar de los ágapes del responsable de
tanto horror.
Hoy, una vez
más, usted ha optado desde su condición de inmunidad
en el Castro-comunismo, por la postura fácil: la que le permite
recibir a los jerarcas del sistema- como Ricardo Alarcón,
que expresó cuanto le honraba tener un amigo papable-, así
como a los selectos miembros de la Empresa que dirige, los privilegios
de atención médica en el exterior de Cuba, mientras
les espera a miles de sus conciudadanos una muerte segura por falta
de medios. Yo no se a usted, pero desde luego a la decencia le ofendería
que hombres como Ricardo Alarcón, expresen ante el mundo
sentirse honrados por tener un amigo Papable, y ese supuesto amigo,
conociendo de primera mano lo que se esconde "detrás
de la fachada", calle y con su silencio otorgue la reciprocidad
de dicha amistad.
Pero hoy, una
vez más, usted ha decidido seguir cooperando con la diaria
inyección anestésica al pueblo cubano para que no
se disparen los ánimos de lucha por la luz de la democracia
y la libertad. Claro, usted no tiene nada que ofrecernos porque
rinde tributos al César caribeño; porque los humildes
cubanos desconocen sus frecuentes viajes al extranjero, y cómo
protesta en Miami cuando le tratan como un simple mortal; porque
usted, permítame, sabrá mucho de argumentaciones católicas
pero no ha vivido- ni siquiera de cerca- el sufrimiento y la soledad
de los valientes, desde el mismo momento en el que decidió
dejar de ser testimonio del cubano de a pie.
Sr. Don Jaime
Ortega- ciudadano de primera en un país tercermundista-,
Cardenal Ortega, lo que no desea para Usted y sus allegados, no
lo apoye para sus semejantes. Todavía está a tiempo.
Recuerde el catecismo de sus primeros años: la verdad nos
hace libres y nada hay entre el cielo y la tierra que no se conozca.
Los años pasarán y, por mucho que disimule, se esconda,
manipule o se deje llevar, la realidad de hoy se hará pública
algún día.
No soy nadie
para juzgar su conciencia ante Dios; mis palabras apelan a mi conciencia
ciudadana, cívica y patriota; a la libertad que me asiste
para expresar mis sentimientos en letras; a mis raíces cubanas,
a mi honor y a mis deseos de ver cumplido los sueños de una
Cuba libre. Tenga por seguro que hubiera preferido trasmitirle personalmente
mi total inconformidad con su postura a nombre de la institución
que representa; si no ha sido así, es gracias a quien usted
llama su Presidente, y a quien yo califico de Asesino. Si hoy no
estamos debatiendo en las calles su mensaje escrito para ser leído
en las parroquias cubanas, se debe a mi condición de desterrado,
al exilio forzado y excluyente al que someten los dictadores como
Castro a los que intentamos ser coherentes y predicar con la palabra
y la acción, rechazando la aceptación y los premios
de los victimarios- que no muestran ni el más mínimo
arrepentimiento por sus atropellos-, y por encima de los calificativos
de "extremistas" o "conflictivos" que hombres,
como usted, manejan en su vocabulario contra una parte de la oposición.
El perdón
parte de Dios y luego, es algo personal que compete a las víctimas.
Así como al futuro gobierno de Cuba se le exigirá
Justicia y no Venganza, es hora de que todos los cubanos, incluyéndole
a usted, pidamos perdón por no querer oír los lamentos
de injusticia; por mirar a otro lado cuando no somos los perjudicados,
por callarnos y dejar que el miedo nos reduzca a "borregos",
por esas cotidianas muestras de indiferencia y egoísmo que
nos sirven de escudo para sobrevivir, pero se convierte en inútil
para encontrar la paz y mirarnos al espejo a solas.
Es hora de ser valientes y empezar confesando nuestros fallos, el
reconocimiento de los errores acumulados, la necesidad de enmendarnos
con nuestro testimonio.
Mientras usted,
Cardenal, pide por el asesino, muchos de los que deseamos una Cuba
sin mártires ni torturados, rogamos la ayuda de Dios para
la liberación de todos los presos políticos y los
injustamente encarcelados, incluyendo su misericordia para los criminales
arrepentidos.
La Libertad,
repito, es un don que por ley merecemos los cubanos. Desde ella,
si así lo cree necesario, estoy a su disposición.
Dr. Eduardo Vidal Franco
Exprisionero de conciencia cubano
Presidente de la Asociación
Cubanos por la Libertad.
España, 6 de agosto del 2006
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Wenceslao Cruz Blanco es un cubano exiliado que vive
en Madrid, España. Visite Wenceslao
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