Frente a nosotros en la hora radial que dirige el Dr. Salvador Lew, “La peña azul”, un hombre que ha pasado la mitad de su vida en una prisión por el sólo delito de discrepar. No diré su nombre, no me ha autorizado para ello.
Pero estoy allí para preguntar, para hacer amena las entrevista, sin rozar con el hilo de la incomprensión aquella figura que tengo enfrente. Estoy ante un ser que a la pregunta -porque es poeta- que ¿dónde escondía sus versos?, me responde que en la memoria.
Él confia en su misión que es la demostrar con sus escritos y sus versos, la insania que es el pan de cada día en su Isla. Está lleno de anécdotas y de fe, a pesar de esos 27 años purgados en el infierno del sistema penitenciario comunista.
Cree en su misión, es una especie de místico del asfalto y de esa profunda sensación, surge la diferencia. Por eso me es tan difícil entablar ese diálogo inquisitivo entre el que viene del calor y el que lleva fuera más de cuatro décadas. No puedo indagar ante aquella presencia, que me trae a la memoria a los primeros cristianos, con la eficacia que sustentaría con alguien en diferente circunstancia.
Me quedo pensando en cómo logar algo sin herirlo y él me lee sus versos. Mientras lo hace, mi mente especula sobre la virtualidad de su sacrificio. Y no puedo evitar recordarle las palabras del viejo zorro Stalin: “Un muerto es un mártir, miles de muertos, una estadística”. No sé si me entendió.
Seguía reclamando la atención que se había ganado con su sacrificio, por lo menos, eso pensaba él. Me callé y dejé que otros tomaran la palabra, bien pudiera ser que yo fuera un escéptico, un descreído y que la gente como él tuviera la razón. Sentí envidia por aquel hombre que sustentaba la ilusión que yo no sentía.
Al final de la entrevista siguió leyéndonos sus versos y como no tenía carro lo vi partir a pie rumbo a la calle Flagler. Decía que iba a ver una librería, en que de seguro tendría sus libros, pensamos.
Su figura se perdía en el tráfico de aquella hora y nos regresamos a nuestro automóvil. No me fui precipitadamente como siempre hago, pensando en los tranques del express-way 836. Estuve un rato reflexionando sobre nuestra intervención radial y me fui del parqueo con un sentimiento triste afincado en mi memoria...