Ya es historia antigua que San Román y Roberto Rodríguez (con Lula Rodríguez, detrás) hundieron a Radio Martí en las profundidades de una casi inexistente audiencia, que cayó de un 77% a un 5%; es decir, que en Cuba, además de una costosa televisión que nadie ha visto, ahora existe una radio que nadie oye y que el gobierno norteamericano regentea con un presupuesto millonario.
La antigua Administración no pareció entonces estar preocupada por las pruebas negativas de los señores mentados, es más, hasta parecía coincidir con las consecuencias de sus desaciertos.
Este estado de cosas en una empresa privada hubiera conducido al inmediato despido de los que hicieron posible un fracaso tan completo. Más, tuvo que perder las elecciones el partido Demócrata y que se posecionara del poder el partido Republicano, para un cambio de directriz en la empresa.
Ya se acerca al año en que los nuevos timoneles de la Emisora invisible (la televisión) y la que casi nadie escucha (la radio), detentan el cargo y de acuerdo con lo actuado y los resultados hasta aquí observables, es predecible que se haya deteriorado la situación, si es que ello era posible, por razones que trataremos de exponer usando para ello el sentido común ante lo evidente.
Se debió exigir una auditoría antes de hacerse cargo la nueva administración, como medida cautelar ante los rumores de corrupción. Una vez ejecutada ésta y terminada la fase de depuración, dentro de las posibilidades federales, hacer una renovación casi total de la programación existente que ha dado al traste con la anterior vigencia en la radioaudiencia cubana..
¿Es esto posible?
Parece que no lo es puesto que el nuevo equipo obtuvo la confirmación a cambio de tantos compromisos que hacen imposible una reestructuración a fondo.
Por otra parte, en el terreno puramente conjetural y en el supuesto caso que no existiera o no se cumpliera el compromiso; constatando la caída en barrena actual, se necesitaría una gran imaginación, ya que se trasmite para un pueblo “lejano”, y los que de allá vienen no sirven para repetir el paisaje ominoso a que está sometido el nativo con lacerante obligatoriedad.
La actual administración, además de la bala de cañón atada a la pierna por los compromisos, carece de esa imaginación capaz de hablarle al pueblo de Cuba y que éste le sirva de interlocutor válido.
Visto lo anterior es lógico pensar que no habrá la limpieza necesaria en los Establos de Augías y se legitimarán por inercia y compromiso los errores del pasado.
Réquien por Radio Martí, un hermoso proyecto, concebido por un hombre excepcional prematuramente desaparecido; y como dice en un poema Alfredo Leiseca: “Bailemos siempre bailemos al son que todos sabemos...”