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EL DIRECTOR DE GRANMA
QUIERE MAS SANGRE

Por Carlos
Alberto Montaner
Columnas de Opinión
El Nuevo Herald
Florida
E.U.
Infosearch:
Fidel Nuñez
Analista
Jefe de Buró
Latinoamérica
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Junio 1, 2008
El señor Lázaro Barredo, director de Granma y miembro
del parlamento cubano, acaba de pedir que se castigue con mayor
rigor a los demócratas de la oposición. Supongo que
quiere que los golpeen con más saña, que las condenas
sean más elevadas, y que a las Damas de Blanco --por ejemplo--
las ultrajen con mayor energía por estar al servicio del
imperialismo yanqui. Me imagino que Barredo habrá disfrutado
mucho cuando sus esbirros patearon hasta casi matarla a la madre
de los hermanos Sigler, una ancianita diminuta que pesa ochenta
libras y pide sin descanso la libertad de sus hijos presos, suficiente
razón por la que le partieron varias costillas.
Barredo, de
quien amigos y enemigos se burlan llamándolo ''Berrido'',
según su camarada Martin Medem, ex corresponsal de Radio
Televisión Española en Cuba y persona muy vinculada
a los comunistas, es un miembro de la Seguridad. Otros ex compañeros
suyos aseguran que es un viejo peón del Departamento Tres
de la Contrainteligencia, dedicado al acoso de los intelectuales,
y lo describen como un organizador de turbas y de actos de repudio
que disfrutaba golpeando y escupiendo a las personas que deseaban
abandonar el país durante el éxodo del Mariel. No
sé qué habrá pensado cuando su hijo Josué,
un buen poeta, totalmente inocente de la conducta de su padre, decidió
exiliarse.
A Barredo, que
le sobra vocación para maltratar a sus semejantes, le falta,
en cambio, rigor lógico. Por una punta, proclama fieramente
el derecho de la dictadura a practicar intensamente el ''internacionalismo
revolucionario'' en cualquiera lugar del planeta y en cualquiera
de sus modalidades (dinero, propaganda, armas, adiestramiento, guerrillas,
terrorismo), mientras, por la otra, sustenta su petición
de que se extermine a los disidentes y a los opositores por beneficiarse
de algunas tímidas manifestaciones de ''internacionalismo
democrático'' consistentes en solidaridad política,
pequeñas donaciones, computadoras, cámaras fotográficas,
medicinas y otros elementos que les permitan resistir el embate
del aparato represivo mientras sostienen en las cárceles
a sus familiares presos.
Barredo, además,
no conforme con pedir más atropellos contra los demócratas
cubanos, quiere que me extraditen a Cuba. No me gusta utilizar este
espacio para examinar cuestiones personales, pero como el asunto
se ha convertido en una cuestión pública creo que
debo abordarlo. El director de Granma ha pedido mi extradición
porque supuestamente soy prófugo de la justicia, algo que
constituye una media verdad: hace casi medio siglo, en marzo de
1961, cuando tenía 17 años, me escapé de la
cárcel junto a otro estudiante menor de edad, también
preso político. Entonces tratábamos, como decenas
de millares de estudiantes y campesinos, de impedir que la dictadura
comunista consiguiera consolidarse. ¿Por qué Barredo
dijo una media verdad? Porque yo no huía de la justicia,
sino de la injusticia de un juicio absolutamente ilegal que duró
media hora, con pruebas y testigos falsos, como me confesó
avergonzado, en un testimonio valiosísimo que todavía
conservo, uno de los miembros del tribunal que años más
tarde se exilió en España.
¿Por
qué esta extemporánea payasada del gobierno cubano?
Si intentaran, en serio, extraditarme a Cuba, se armaría
un escándalo monumental en todos los medios de prensa y la
dictadura saldría muy mal parada. Y si lo lograran y me llevaran
a Cuba, tendrían dos caminos: me fusilan o me encarcelan.
Si me fusilan, la condena universal ante ese crimen injustificado
sería tremenda porque yo soy totalmente inocente. Si me encarcelan,
me convertirían en una víctima célebre por
la que todos los días la dictadura pagaría un precio
político. O sea, la dictadura sabe que el costo de tener
éxito con esta payasada de Barredo es mucho más alto
que los escasos beneficios de apresarme, especialmente porque no
pueden acusarme de nada, salvo de haber huido de una condena injusta
cuando era casi un niño.
Pero, si la
policía política sabe esto, ¿por qué
ha montado este show ridículo? Supongo que por dos razones:
primero, para tratar de desacreditarme o asustarme, cosa que jamás
han podido lograr con todas sus campañas sucias a lo largo
de décadas de calumnias e infundios; y, segundo, para intentar
destruir a Yoani Sánchez, la muchacha que en La Habana, muy
valientemente, escribe el blog Generación Y. Persona a quien
admiro mucho, pero a quien no conozco ni directa ni indirectamente,
pese a que tratan de asociarla conmigo.
Debo advertir
que no es la primera vez que el aparato represivo cubano intenta
silenciar mi voz. En el otoño de 1987 los servicios de inteligencia
cubanos, grandes cultivadores del terrorismo, me enviaron una bomba
dentro de un libro a mi oficina de Madrid. Yo mismo abrí
el paquete. El libro se llamaba Una muerte muy dulce y el detonador
no estaba conectado. No querían matarme. Era otra payasada
encaminada a tratar de atemorizarme con el obvio mensaje de ''cállate,
podemos asesinarte cuando queramos''. La inteligencia española,
que investigó el caso con seriedad, hasta me dio el nombre
del diplomático cubano que había organizado la operación:
un señor llamado Eduardo Araoz. Supongo que pertenecía
al mismo departamento en que hoy el director de Granma realiza sus
sucias tareas.
* Carlos Alberto Montaner, escritor, periodista
y analista político cubano, exiliado en España.
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