CUBA:
SECRETOS DE FAMILIA
Editorial
ABC
España
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José F. Sánchez
Analista
Director
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Noviembre 3, 2009
POR mucha retórica que utilice el ministro Moratinos para justificar
una política complaciente hacia la dictadura de los Castro, Cuba
sigue siendo un modelo -anacrónico, pero plenamente operativo-
del totalitarismo marxista. El culto a la personalidad de Fidel funciona
desde hace medio siglo, como si nada hubiera cambiado en el mundo desde
la caída del Muro de Berlín, hace ahora veinte años.
Las memorias de Juanita Castro, bajo el título «Fidel y
Raúl, mis hermanos. La historia secreta», son fiel reflejo
de esa peculiar concepción sobre la idolatría hacia el
jefe supremo, que sería anecdótica si no fuera por la
tragedia que sufren los disidentes políticos y muchos miles de
personas, atrapadas en un régimen implacable. El «padre
de la patria» hace honor a su condición, con once hijos
conocidos y otros tres que se le atribuyen con pruebas más bien
discutibles. En algún caso no está nada claro quiénes
son las madres, ni siquiera los nombres de los propios hijos. Por cierto,
que algunos miembros de la abundante familia de Fidel no son felices
en el paraíso comunista y han trasladado su residencia al extranjero,
publicando en más de un caso libros muy críticos hacia
su longevo pariente, ahora con serios problemas de salud.
Según contaba ayer ABC, existen también en Sevilla y en
Lugo otros parientes del dictador, dispuestos a contar nuevos secretos
de familia, entre ellos el carácter juerguista de Raúl
Castro. Por este camino veremos desfilar a unos y otros por los programas
del corazón, a base de desvelar intimidades de todo tipo. Esta
faceta frívola de los dueños del poder en Cuba es buena
prueba de una doble moral que resulta indignante para esa gran mayoría
de la población que sufre una mezcla humillante de miseria económica
y ausencia de libertades. Mientras muchos ciudadanos carecen de lo más
elemental para una vida digna y los presos políticos llenan las
prisiones de la isla, los Castro tienen tiempo para divertirse y vivir
en plenitud las peripecias amorosas y familiares. Ahora lo único
importante es presionar a la dictadura para que la democracia pluralista
sustituya de una vez a este régimen intolerable. Las recientes
memorias y los recuerdos familiares son muy significativos de esa falta
de escrúpulos de quienes ostentan un poder personal y rigurosamente
autoritario. Ninguna anécdota puede disfrazar la dramática
realidad de Cuba, ni humanizar la figura de un dictador implacable.
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