Las periodistas cayeron por investigar masacres ordenadas por Putin Por André Glucksmann Clarín Argentina Infosearch: Máximo Tomás Dept. de Investigaciones La Nueva Cuba Agosto 10, 2009
Ninguna novedad. Frente al cadáver de Natalia Estemirova, encuentro con desesperación las mismas palabras y los mismos pensamientos, las mismas emociones y las mismas lágrimas que ante la muerte de mi amiga Anna Politkovskaia. Ambas se conocían desde la primera guerra chechena; las dos partieron, intrépidas, en busca de la verdad en relación a una prolongada masacre, que ha hecho desaparecer un civil de cada cinco. ¿Chechenia? Una migaja de imperio, pero un caso sin precedentes para la humanidad: un millón de habitantes antes de la guerra, 200.000 muertos, 40.000 niños asesinados (¿y cuántos huérfanos?), una capital arrasada, ciudades y pueblos reducidos a cenizas. ¿Y qué más? La educación por el miedo y la corrupción, o cómo silenciar al pueblo. No solamente a los chechenos, también a los rusos y si es posible, a nosotros, tranquilos ciudadanos de los países democráticos. Pero una novedad
hay. Después del asesinato todavía no aclarado de Anna
Politkovskaia, Ramzam Kadyrov, el protegido de Putin sospechado de ser
su socio, hizo erigir en su capital una estela de mármol negro
a la gloria de los periodistas y los combatientes por los derechos humanos
"asesinados por su libertad de expresión". No, no están
soñando.Después del asesinato de Natalia Estimorva, publicó
su indignación y se erigió en jefe de una investigación
para castigar a los culpables. Medvedev también.El momento culminante
de esta broma tuvo lugar en Berlín: Angela Merkel reclamó
una investigación, que Medvedev se comprometió a realizar,
luego de lo cual la canciller alemana y el presidente ruso se abrazaron,
prometiéndose gran amistad industrial. Copyright Clarín y Le Monde. Traducción de Cristina Sardoy, 2009
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