Antonio M. Rivera
 
Evi Jimenez
 
 
 

żA DONDE LLEGARAN
LAS "REFORMAS"
DE RAUL CASTRO?

Diario Las Américas
EE.UU
Miami
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Fidel Nuñez
Analista
Jefe de Buró
Latinoamérica
Dept. de Investigaciones

La Nueva Cuba

Mayo 5, 2006


- ¿Acaso es posible que una cazuela para hacer arroz sea
revolucionaria? Ahí estaban, apiladas una encima de otra: arroceras chinas
vendiéndose por 70 dólares cada una. Junto a ellas, delgados reproductores
de formato DVD. A lo largo de la bien abastecida tienda de aparatos
electrónicos había computadoras y televisores, así como otros
electrodomésticos que el gobernante Raúl Castro ordenó que se pusieran a
disposición de los cubanos ordinarios mediante decreto, o cuando menos a
quienes pudieran costearlos.


Desde que finalmente reemplazó a su enfermo hermano Fidel, de 81 años de
edad, en el mes de febrero, Raúl, de 76 años, quien apareció ante cientos
de miles de cubanos en un mitin con motivo del Día del Trabajo el jueves,
ha estado ocupado con una andanada de cambios. En las últimas ocho
semanas, también ha abierto acceso a teléfonos celulares, levantó la
prohibición que impedía a los cubanos hospedarse en hoteles de turistas y
otorgó a los agricultores el derecho a trabajar tierra ociosa con fines
lucrativos.


Hay más en el horizonte, afirman funcionarios gubernamentales, como el
relajamiento de las restricciones que pesan sobre los viajes al
extranjero, la posibilidad de permitirles a los cubanos la compra-venta de
sus propios automóviles y quizá, hasta de sus hogares.


Cada uno de estos cambios pudiera ser microscópico si se contrastan con
los enormes problemas que Cuba enfrenta. Pero, tomados en conjunto, están
sacudiendo a la estoica isla atrapada en el tiempo.


Nadie sabe con certeza el grado hasta el cual Castro está dispuesto a
cambiar el país que su hermano le dejó y qué, si es que lo hay, está
usando como guía. Los esfuerzos de Mijáil Gorbáchov con miras a
revigorizar el débil sistema soviético dieron paso a su caída y al
abandono de Cuba. Resulta más inspiradora la mezcla de consumismo y
política autoritaria ...


y pragmática que desató el crecimiento y reforzó el mandato del Partido
Comunista en China y Vietnam.


Actualmente, China es el segundo mayor socio de comercio para Cuba, en
tanto Vietnam es uno de los primeros países que Castro visitará, con base
en las propias palabras del mandatario, aunque aún no se ha precisado la
fecha.


Los presidentes de ambos países estuvieron de visita en la isla el año
pasado y sostuvieron sesiones exclusivas con ambos hermanos Castro.
Analistas de Cuba dicen que Raúl Castro, habiendo sido el ministro de la
Defensa por largo tiempo, mantuvo vínculos con las fuerzas armadas de
ambos países y tiene asesores cercanos que conocen bien estos países.


“Este es el modelo asiático”, afirmó Robert Pastor, catedrático de
relaciones internacionales por la Universidad Americana. “De cualquier
forma, las señales que él ha enviado son tan tenues y tentativas que no es
claro, ni en lo más mínimo, hacia dónde busca llevar a Cuba o hacia dónde
avanzará Cuba”.


Marifeli Pérez-Stable, la vicepresidenta de gobierno democrático del
Diálogo Interamericano, grupo de análisis estratégico, dijo: “nunca va a
decirlo. Ni siquiera estoy segura que él lo sepa. Sin embargo, está
siguiendo a China, e incluso más a Vietnam”, lo cual significa que Castro
se estaba ciñendo a un enfoque más pausado Al igual que en dichos países,
la libertad económica es una cosa, y otra muy diferente la libertad
política. Con respecto a esta última, el gobierno cubano ha dado toda
indicación en cuanto a su intención de mantener las cosas como están.


Los primeros cambios experimentales de Castro ya expusieron por completo
una incómoda realidad, con potencial desestabilizador, en un país que
durante 50 años ha sido gobernado como uno de los sistemas socialistas más
rígidos en el mundo: el hecho de que algunos cubanos tienen mejores
condiciones de vida, sea debido a las remesas de sus parientes en el
extranjero, vínculos con la clase gobernante o empresas ilegales que les
producen ingresos adicionales.


Por ahora, todo parece indicar que su gobierno está dispuesto a aceptar
esas disparidades, tolerando la noción de diferencias de clase al tiempo
que sigue ciñéndose a una visión cubana del socialismo que incluye
subsidios a la comida y cuidado de salud para todos, dicen partidarios de
Castro en el gobierno.


Otro interrogante pendiente gira en torno a saber si a este enfoque
satisfará o no a los cubanos, quienes rápidamente se están volviendo más
conscientes de su relativa privación de consumo. Una máquina para hacer
arroz, por sí sola, cuesta más de tres meses de sueldo promedio otorgado
por el Estado aquí. Las conversaciones en las calles, lejos de las filas
de gente que compra lo que apenas está a su disposición, revelan
inconformidad.


Javier, programador de computadoras, de 25 años de edad, ya se decidió con
respecto a marcharse de Cuba tan pronto como pueda, con rumbo a
California. “Por favor, estos cambios solamente favorecen a una diminuta
parte de la población”, dijo, sentado sobre el muro costero de La Habana,
con la mirada clavada en el océano.


“Nosotros, que nos levantamos temprano cada mañana para tomar el autobús,
nosotros, que nos hemos sacrificado, no podemos darnos el lujo de todo
esto”, agregó. “Me encantaría ir a un lujoso hotel con mi novia a pasar
una o dos noches. Pero, vamos, sencillamente no puedo. No podría
costearlo, ni siquiera en sueños”.


Incluso para quienes sí pueden, es un viaje a otro mundo que prácticamente
estaba vedado apenas unas cuantas semanas atrás.


“Siempre han existido clases diferentes, pero ahora son más visibles”,
explicó Mara Ileana Faguaga, antropóloga que vive en La Habana y estudia
en la agobiada población negra de Cuba. “Ahora, sólo hace falta ver quién
lleva un teléfono celular”.


El modelo de Castro, lo que el diario controlado por el estado ha
denominado “más socialismo perfecto”, al parecer equivale a una Cuba con
mayor correlación entre el trabajo que uno pone y la recompensa
resultante.


Una de las acciones de mayor alcance por parte de Castro pudiera ser su
anuncio relativo a darles a los agricultores el derecho a manejar tierra
ociosa con fines lucrativos. Cuba gastó 1,400 millones de dólares el año
en importaciones de comida, y, como consecuencia de los aumentos en los
precios de alimentos, gastará 1,900 millones de dólares este año para
obtener 20 por ciento menos de comida, lo cual ha sido calificado por
funcionarios como una situación insostenible.


Con la eliminación de la añeja práctica relativa a dictar las decisiones
de plantación desde La Habana, el gobierno permitirá mayor control de las
localidades, informan funcionarios, y quizá alimento cultivado en casa.


¿Y qué ocurrirá a quienes no son agricultores? ¿Estaría Castro dispuesto a
expandir el experimento de su hermano mayor, permitiendo algunos
restaurantes y posadas operados por particulares? ¿Y qué hay de permitir
talleres mecánicos, peluqueras y tutores particulares, todo lo cual existe
actualmente en Cuba, pero de manera furtiva?


Washington ha descartado las medidas por considerar que no logran cubrir
el tipo de cambios estructurales que se necesitan en Cuba. “Yo considero
un poco triste que después de 49 años de carencias, sufrimiento y
represión, el pueblo ahora tenga autorización para comprar una arrocera”,
dijo Carlos Gutiérrez, el secretario de Comercio, cuya familia huyó de La
Habana en 1960, cuando él tenía seis años. “Nuestra interpretación es que
estamos hablando de maniobras tácticas diseñadas para ganar un poco de
tiempo”.


De hecho, cuando se trata de verdaderamente relajar el control de la elite
política sobre el poder, Castro no ha cedido mucho terreno. Ha prometido a
los cubanos ordinarios que digan la verdad con sus críticas sobre la forma
en que funcionan las cosas, aunque insiste en que la manera apropiada de
hacerlo es a través de canales del Partido Comunista.


Cuando un grupo de mujeres cuyos parientes habían sido encarcelados
efectuó una manifestación afuera de la oficina de Castro en fecha
reciente, un equipo de agentes del sexo femenino, con expresión severa,
llegó para arrastrar fuera de ahí a unas mujeres denominadas Damas de
blanco.


Cuando las dificultades son mayores, se exigirá más orden y disciplina”,
declaró Castro hace poco ante líderes del partido, anunciando que
convocaría al primer Congreso del partido en una docena de años en la
segunda mitad de 2009. “Para eso, es vital el fortalecimiento de las
instituciones”.


Castro revocó las condenas a muerte de un número indeterminado de
prisioneros en esta semana, pero la acción fue descartada por activistas,
quienes consideraron que era una iniciativa a medias enfocada a ponerle
fin a la persecución de personas que se expresan en contra del gobierno.


“¿Es posible para Raúl Castro avanzar más allá del culto a la personalidad
de su hermano Fidel, quien está al mismo nivel de Mao?” preguntó Michael
Green, ex especialista en Asia de la administración Bush que pertenece
actualmente al Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, en
Washington.


Cuba podría resultar más parecida a Corea del Norte, dijo Green, la cual
emprendió reformas orientadas al mercado en 2002, mismas que generaron
pocos cambios en las sombrías condiciones allá.


De la misma forma, en Cuba aún prevalece mucha ansiedad. Una mujer que
solamente dijo llamarse Iris había comprado un teléfono Nokia con la ayuda
de su novio italiano, pero ahora no tiene dinero para comprar tarjetas de
tiempo aire. Cuando efectivamente lo tiene, se siente culpable al pensar
que podría destinar el dinero a la alimentación de su hijo. Lo que ella
quiere incluso más que cualquier artículo de consumo es un empleo bien
remunerado que le permitiera costearlas, dijo.

 

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