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¿REFORMAS A LA CUBANA?
Por Oscar Espinosa
Chepe
Economista y Periodistas
La Habana
ABC
España
Ïnfosearch:
Máximo Tomás
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Mayo 3, 2008
Con el ascenso de Raúl Castro a la presidencia de los consejos
de estado y de ministros, comenzó la eliminación de
prohibiciones absurdas, un proceso que podría constituir
la antesala de mayores transformaciones.
El nuevo presidente hereda una economía destruida, con graves
problemas sociales, políticos, demográficos y medioambientales,
enmarcados en una crisis aparentemente interminable y un proceso
de involución al que no escapan valores espirituales, ni
avances logrados en la salud, la educación y la seguridad
social.
Al pragmático Raúl Castro, no le queda otra opción
que brindar alivio y esperanzas a la población, mediante
objetivos sólo alcanzables con reformas fundamentalmente
económicas, que inevitablemente tendrán efectos políticos
y sociales. La experiencia muestra que los cambios generan la necesidad
de nuevos cambios.
Por primera vez son vendidos ordenadores y otros equipos electrónicos;
se facilita el acceso a la telefonía móvil; se permite
el hospedaje en hoteles y la renta de automóviles, y se han
abierto tiendas especializadas en implementos agrícolas.
Todo pagado en pesos convertibles (CUC), divisa que no posee gran
parte de la población; problema sin solución a corto
plazo, pues depende de transformaciones más profundas indispensables
para aumentar la eficiencia laboral, y consecuentemente el salario
real.
Además se normaliza la posesión legal de viviendas
de miles de ciudadanos, que eran medios básicos de organismos
del Estado; se eliminan las restricciones para que los trabajadores
reciban los salarios en función de su aporte laboral, sin
limitaciones cuantitativas; se habla, sin suficientes detalles,
sobre la entrega masiva de tierras para cultivar en usufructo, así
como el traslado a nivel municipal de las decisiones en el sector
agropecuario.
Aunque nada muestra una voluntad de cambios políticos, puede
observarse interés por crear una mejor imagen al régimen
dentro y fuera de Cuba. Así, disminuyó relativamente
la propaganda política y los actos masivos son menos y más
breves. La televisión tiene una carga ideológica inferior,
sin los largos discursos que interrumpían la programación.
Días después de asumir Raúl Castro, se firmaron
los Pactos Internacionales de Derechos Civiles y Políticos,
y Económicos, Sociales y Culturales, que deberán ser
ratificados por la Asamblea Nacional y cumplidos, algo dudoso para
muchas personas.
En cuanto al respeto a los derechos humanos no ha habido avances
significativos. La represión se mantiene y todo el andamiaje
está listo para ser utilizado. Los presos políticos
liberados, por lo regular, han cumplido sus penas, y de los 75 llevados
a prisión en marzo de 2003, 55 permanecen encarcelados en
condiciones infrahumanas, con la contradicción de que las
máximas autoridades al reconocer los graves problemas existentes,
coinciden con los planteamientos que llevaron a prisión a
estos prisioneros de conciencia.
Hay elementos indicativos de que el Gobierno trata de abrirse al
mundo y reducir la dependencia de Venezuela. Las visitas del presidente
Lula da Silva, los acuerdos económicos con Angola y los gestos
amistosos hacia México y otros países así lo
indican. Incluso el presidente cubano ha manifestado el deseo de
mejorar las relaciones con Estados Unidos después de las
elecciones de noviembre próximo.
Las tareas que deberá realizar el general Raúl Castro
son muy complicadas, máxime cuando existen sectores en el
partido y el gobierno opuestos a los cambios. Pero la dinámica
hacía la apertura es inevitable. No comprenderlo podría
empujar al país a la inestabilidad con consecuencias imprevisibles.
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