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LAS SECUELAS DEL PATETICO CASO
DE LA DRA HILDA MOLINA
EL LARGO VIAJE
DE HILDA MOREJON
| Hilda Morejón,
de 89 años, madre de la neurocirujana Hilda Molina, rehenes
ambas del gobierno cubano, llega sola a Buenos Aires
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La
Nación
Argentina
Reuters
Infosearch:
Fidel Nuñez
Analista
Jefe de Buró
Latinoamerica
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Mayo 28, 2008
Por cuenta y riesgo de Raúl Castro, Hilda Morejón
recibió el pasaporte cubano y, de inmediato, pudo viajar
a Buenos Aires. Era ahora o nunca, según fuentes vinculadas
con el patético caso de Hilda Molina, la neurocirujana cubana
que reclama desde 2004 el permiso para conocer a sus nietos en la
Argentina. La edad avanzada de su madre, 89 años, así
como su precario estado de salud, pesaron en la decisión
adoptada por el régimen.
Hilda Morejón
pudo conocer a sus bisnietos y, después de 15 años,
reunirse con su nieto, el médico Roberto Quiñones,
en Buenos Aires. Puede decirse que, hasta su llegada al país,
estuvo virtualmente secuestrada en la isla caribeña, como
hoy sigue estándolo su hija, a quien el régimen cubano
aún no ha autorizado a salir del país.
Con discreción,
el gobierno argentino dejó dicho que Fidel Castro no había
tenido nada que ver en la decisión de su hermano Raúl.
Ese dato, acaso obvio, tiene gran peso en momentos en que no está
claro quién ejerce el poder real en Cuba después del
retiro del comandante.
Los agradecimientos
estuvieron dirigidos a Raúl Castro, no a su hermano. La presidenta
Cristina Kirchner procuró ponderar la decisión como
un gesto hacia el gobierno argentino, pero omitió en forma
deliberada la referencia inoportuna de quien, mientras ejercía
la presidencia, no movió un dedo por Hilda Morejón,
su hija y su familia.
El último
embajador en La Habana, Darío Alessandro, solía visitar
a Hilda Molina y su madre, sobre todo después de un accidente
doméstico por el cual Hilda Morejón comenzó
a tener serias dificultades para desplazarse en su casa. Idéntica
actitud adoptó el ministro Pedro von Eyken, encargado de
negocios, a cargo de la representación diplomática
desde la asunción de Cristina Kirchner, el 10 de diciembre
de 2007.
En los últimos
años, a pesar del hermetismo con el cual se manejó
el caso de Hilda Molina por la falta de progresos, tanto Alessandro
como Von Eyken, diplomático de carrera con 25 años
de trayectoria, insistieron en planteárselo al régimen
cada vez que pudieron. De Fidel Castro siempre obtuvieron un no
como respuesta. Vale destacar, más allá de la lectura
política, el trabajo silencioso de la diplomacia argentina.
Pero no puede
obviarse que la decisión de Raúl Castro de concederle
el pasaporte a Hilda Morejón coincidió tanto con la
gradual apertura del régimen, encarada por él, como
con la elección de los nuevos miembros del Consejo de Derechos
Humanos de las Naciones Unidas. Entre los latinoamericanos, la Argentina,
Brasil y Chile ocuparán bancas en los próximos tres
años. Si se considera el impacto que siempre ha tenido la
virtual condena de Cuba en ese ámbito, ahora remozado, es
vital para las actuales autoridades del país caribeño
contar con aliados en su seno.
Desde su asunción,
en mayo de 2003, Néstor Kirchner prodigó sugestivas
atenciones a Fidel Castro, entre otras, haber auspiciado la cesión
de la explanada de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos
Aires para el show que montó en aquella ocasión. La
relación bilateral, sin embargo, tuvo y tiene temas espinosos
que el régimen cubano procuró evitar. Uno de ellos
es la deuda contraída con el gobierno de Héctor J.
Cámpora, hoy del orden de los 2000 millones de dólares,
que ha convertido a la Argentina en el segundo acreedor de Cuba
después de Japón; otro es la negativa a la neurocirujana
para que visitara a sus familiares en la Argentina.
Es de esperar
ahora que el régimen cubano expida el pasaporte de Hilda
Molina. No se trata sólo de un gesto humanitario, sino del
derecho de sus nietos a conocerla y, en última instancia,
del derecho de toda persona a ser dueña de su destino. Toda
la biblioteca y la jurisprudencia de los derechos humanos, sin distinción
de ideologías, le dan la razón a ella, así
como el sentido común, siempre más sabio que la política.
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